Dicen que la muerte
por frío es dulce,
a saber
lo que para estos casos
piensa
quien de frío se hiela.
Debe ser la muerte parecida
a una sonrisa gélida,
a una especie de parálisis
que llega
desde los pies a la cabeza.
Y debe ir acompañada
de una conformidad extrema,
al saberse uno víctima
de algo
que ni se toca
ni se sabe
por donde llega.
Esto es lo que uno piensa
a 25 grados sobre cero,
entre las manos
una buena cerveza,
apunto de dar de ella cuenta,
de lo demás
ni la más remota idea.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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