La vieja canción de guerra
era la de un soldado asustado,
un ser lanzado
a hacer uso de las armas,
a dejar su casa y abandonar
su familia,
para en la trinchera
abierta en el vientre
de una roca grande
resistir los ataques,
de los que llegaban
a través de alambradas
y minas de tierra,
sin saber ni importarles
el por qué estaban allí
y el por qué iban cayendo.
Ellos, los de un lugar y otro
se saben lanzados a algo,
para lo cual siempre sirven
los más harapientos.
Ellos son el brazo armado
de los poderosos
que se entretienen
jugando a hacer aquello
para lo cual solo hace falta,
sin poner
el grito en el cielo,
lanzarse en pos de un reto.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
No hay comentarios :
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.