Recuerdo aquella cantarilla
con agua fresca
que se bebía.
Ya el liquido que por la tráquea discurría
era el mejor de los síntomas
para aliviar el calor
y dar nuevas fuerzas
al brazo que empuñaba la hoz
para cuando la siega en los horizontes
se veía.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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