lunes, 11 de mayo de 2026

POESÍA: ¡AMÉN JESÚS!

 Dándole color al día 
a veces lo pintamos más de lo que se debe.
Las cosas no son como nos las tramiten,
hay cuestiones que solo se entienden 
desde la profundidad de los abismos
allí donde vive aquello que de verdad sentido tiene.
Echo de menos la solidaridad como medicina
del mundo en el cual nos movemos 
y las cuestiones esas que ya no se discuten
por falta de foros que sean de verdad libres
de contaminaciones atmosféricas y de malos ambientes.
Sobresalen entre ellos 
los medios de comunicación al servicio
de unos pocos que con todos pueden;
las historias están vacías si no se llenan de eso que tiene que ver
con las conquistas de los pobres
y es que hay algo  que se erige
como ser supremo al cual hay que rendir honores,
y en estas situaciones en las que nos metemos 
a mover conciencia sin más orden
que lo que sale de nosotros
y sin más bagaje que la inteligencia que usamos
para escribir de aquello que duele,
me vienen a la mente
las luchas de los plebeyos y la de los siervos de la gleba,
la de los esclavos y pobres trabajadores
tan dejados en manos del olvido
que si buscamos solo encontraremos
fosas sobre el suelo sin más cruces
que aquellas que vivieron en vida sus moradores.
Sujetos todavía andamos,
lo hacemos entre matas de hierbajos
de esos que solo crecen en la mente de uno
para cuando removemos lo que muerto ya yace.
Por estos lugares escribiendo 
nos libramos de esas ataduras
que si no se rompen
cada vez aprietan más
hasta llegar a ese instante 
en que uno es del destino
solo lo que el destino de uno quiere.
Y así seguimos entre caricias del aire
y bocanadas y silencios aparentes,
en los que en mitad de aludes de preguntas
se oye el rugir de una corriente
de algo que abriga los interiores
de eso que se llama la conciencia
sujeta en sus más variados límites 
al día a día que se alza con uno
y con uno se acuesta,
así muchas veces, siempre
esperando el uno del otro
el ver como se dirigen esos pasos
que siempre van a refrescarse a la misma fuente.
Y así transcurre esto que se hace interminable,
ahora que lo pienso me marcho a otra parte,
allí donde prevalece la razón sobre los ocasionales disparates.
Y este es uno de ellos,
muy grande,
tanto que me da recelo
volver sobre mis pies 
para atender con la vista
lo que con la palabra muda 
sobre un teclado de color verde
he dejado escrito,
por si llegado el caso
alguien quiere de esto alimentarse.

Autor: José Vicente Navarro Rubio

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