Un otoño asesino
bajo la luz de las estrellas,
con el frío metido en el cuerpo,
con el miedo dando vueltas a la cabeza,
con la luz de un mechero
perdida por los pesebres
buscando en las cuadras aquellas
con sus caballerías y moñigos
y olores a humanidad muerta
que se vienen como recuerdo.
Otoño de viejas sendas,
de altas eras,
de calles que se suben
unas que llevan a la iglesia
y las otras al camposanto,
entre calladas por respuesta
a quienes hicieron con sus silencios
grandes monumentos.
Días aquellos
con flores en los tiestos
en patios tan blancos
que el sol sobre las paredes
es su propio reflejo.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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