Es posible que un día
la sangre que corre por uno
sea algo parecida a la arcilla.
Sedimentada y con poros
ayude ella
en su desdicha
a ser un jarrón de flores
colocado encima,
de una cómoda de esas
que sirven para guardar
las cosas que no se usan.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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