Ya la vara seca.
Ya el almendruco todavía
llamando con su presencia
a las aves que pasan
y con sus garras
se sujetan
a las ramas altivas,
que en su interior llevan
el fruto
de la primavera,
esperando con su impulso
perpetuar una existencia
cada vez más efimera.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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