Que nada se diga
de aquello
que no llega,
si no es aire
que sopla
y ulula
en las altas sierras.
Que nada se diga
que no sea
siquiera
el lado bueno
de las malas tierras
de cardos y ortigas
llenas.
Que sea todo
el agua fresca
de las fuentes
de la inteligencia,
trayendo
de vez en cuando
elocuencia,
en los labios
de las personas sinceras.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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