Seco el olivo,
en el campo donde
se entregó
durante su vida,
a dar hermosas aceitunas,
es ahora un poco menos
que el montículo
a través del cual
se llega a la divisoria
entre tierras
que desde siempre han sido
lo mismo
por aquello
de que en ellas la pobreza
era la reina que de los demás vivía.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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