Era un pueblo real
tenía vida,
de arriba a abajo,
cada cual en su casa
se las arreglaba como podía.
Un pueblo sin más
en una Mancha
medía o tardía,
alta o baja,
Manchuela,
se adivina,
con sus paredes en blanco,
con sus envidias
saetas que se clavan
en la vida,
de quienes se salen del guion
y son señalados
por esas cosas que no dejan de ser
completas tonterías.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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