En la Esquina del Molinillo
eran las miradas severas,
para cuando se veían marchar
a quienes solo regresaban
de año en año.
¡Qué pobres aquellas tierras
y que digna la pobreza
que desde lejos contemplamos!
Fríos que bajan
y fríos que quedan
amasamos
así las casas fueran de adobe,
que de piedra,
con aquellas chimeneas
en que los tarugos
de los olivos calentaban
los penazos
antes de irse a la cama,
para soñar a ratos,
con un mañana que fuera,
diferente, en algo.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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