Las albarcas sobre el suelo,
de la tierra posesiva,
madre tierra sin más comentarios,
ellas una parte más
con que ser parte de un yugo
y sobre el surco fértil
y sobre el infértil surco
y sobre el surco con sudores regado
el labriego fiel a su destino,
con no más hambre que el que lleva
en los ojos que se comen con la vista
la tierra que tantos disgustos le produce
a quienes hacen de ella una parte de su vida
a lo largo de tiempos de siembras.
Una España violentada ,
amada por muchos,
y violentada por otros,
cada cual ama a su manera,
y hace uso
del verbo amar como quiere,
nos muestra
esos colores bien definidos
y aprendidos
que identifican a un pueblo.
Fuego y humo
juntos van, sin estar de la mano cogidos
y así se entiende que nos pase lo que nos pasa.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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