Hoy hace calor y siempre decimos lo mismo,
nos reunimos
para hablar del calor
y lo hacemos por varios motivos
y es que el calor no vende
y es que con él encima
puede ser que salgas a la calle y te derritas.
En Sevilla el calor es diferente.
allí se lo toman con guasa,
por allí en las fuentes se mojan sus partes
las gentes para cuando notan
que les ha venido una ola encima.
Hay calores buenos y otros malos,
los hay que son como una especie de caricias
y hay otros de esos que queman hasta la más suaves
de las sonrisas
y si se toman en pequeñas dosis
sirven para quitar las calenturas.
Calores son los que van y vienen
entre campos llenos de margaritas,
entre casas y más casas
donde habitan gentes miserables
que no se quitan sus miserias de encima
y hay de todo un poco
lugares perdidos en las selvas
de nuestras vidas
en los que los calores son universales
por aquello de la madre tierra
está tan de especies vegetales tupidas
que el calor anida hasta en las raíces más profundas
de sus inanimadas vidas.
Por hoy dejamos el calor
no sea que se derrita
la Estatua de la libertad
y alguno de esos arcos de triunfo
que señalan en las grandes avenidas
alguna victoria épica
con gran cantidad de víctimas.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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