Cuando paso junto a las tapias del cementerio
me vuelvo sin saberlo
más ser y más sincero.
Dan las tapias a una montaña
y junto a ella hay un sendero
que rodea la parte alta de un pueblo
y por allí solemos ir ascendiendo,
entre plantas que crecen y árboles
que en un día sirvieron
para llenar las bocas de algo más
que humo y huesos,
y volvemos a las tapias,
a la blancura
que llena los espacios
donde viven sin vida
los muertos
y uno más,
si en algo cabe sincero,
camina dando pasos
que suenan a pisadas de cabestros.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
No hay comentarios :
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.