Vienen de todos los lugares los hijos de la vida,
llegan ellos solos
y se llenan de la vida
que se encuentra allí
donde la tierra los acoge
y los convierte en sus criaturas.
Hijos e hijas
que sin saberlo serán
parte de esa riqueza y pobreza
que si se busca
con poco cavar se encuentra
en esos surcos que dan aquello que se siembra
si es que la lluvia en algo ayuda.
Se ven los hijos y se ven las hijas
allá donde se vaya,
todos ellos formando parte de un árbol
que ofrece sus frutos
sin saberse si son dulces, agrios, ásperos,
comestibles, no hay medida,
entre saber lo que hay en nosotros
y lo que en la cara de otros se adivina.
llegan ellos solos
y se llenan de la vida
que se encuentra allí
donde la tierra los acoge
y los convierte en sus criaturas.
Hijos e hijas
que sin saberlo serán
parte de esa riqueza y pobreza
que si se busca
con poco cavar se encuentra
en esos surcos que dan aquello que se siembra
si es que la lluvia en algo ayuda.
Se ven los hijos y se ven las hijas
allá donde se vaya,
todos ellos formando parte de un árbol
que ofrece sus frutos
sin saberse si son dulces, agrios, ásperos,
comestibles, no hay medida,
entre saber lo que hay en nosotros
y lo que en la cara de otros se adivina.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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