Cuesta de Santo Domingo
y vamos caminando
entre gentes que se visten
a la usanza de un San Fermín
dispuesto a levantar los ánimos.
Por aquí se espera el chupinazo
para que comiencen los toros
pisar con sus pezuñas el asfalto
y ya vemos a los corredores
puestos de largo
con un ojo en los astados
y el otro colocado en el asfalto
para no ser pisados y arrastrados.
Cuesta de Santo Domingo
me quedé helado
cuando vi salir de los corrales
al primero de los mansos
y detrás de el a un primo suyo
vestido de negro y largo
con una mirada de esas
que te hacen pensar
que hay algo que no es tú agrado.
Vivan los San Fermines
que bonitos que son
y como pasan volando
entre caídas y porrazos
que convierten a los hospitales
en una especie de hoteles
de esos que que se abren los veranos
de cara a la mar
para tostarse hasta los nanos.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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