Una bella escena
la del orangután que se abraza
y se quita las pulgas de la cabeza,
con esa delicadeza que demuestra
que somos de ellos
parientes que no se esperan
y que si se ven
se matan a preguntas
antes de sacarse los ojos
con las garras de las manos
ya sean estas,
las de la diestra
o las de la siniestra.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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