Vamos por la vida danzando
y bailando
y lo hacemos sin saber
que es lo que hacemos
y para cuando,
lo nuestro tiene que ver,
con el flamenco
y esos suyos
tremendos taconazos.
Ya nos vemos vestidos
para el tango
sin ser de la pampa
ni llevar sombrero pegado al casco.
Ya estamos doblando el cuerpo
para dar sentido a la salsa,
en la que dos cuerpos se ciñen
tal si fueran tallos
de cereales
a punto de ser segados.
Y es que la samba tiene duende
y con ella nos vamos
por las playas
en las que el sol tuesta
los cuerpos
como si fueran granos
de café colombiano.
Y para no caer
en olvidos innecesarios
terminamos
con el Ballet clásico
y el Jarabe tapatío,
en el Jalisco (mexicano)
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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