Sin nada
no hay nada que hacer.
Puede ser
que escribiendo
averigüemos
en que gruta vive la nada
y como ésta sale,
de vez en cuando,
para hervir en su caldo.
Ahora sabemos
que sin la nada
no existe
el espacio
tal y como lo ven,
en él,
nuestros ojos,
mientras se llenan ellos
de aquello
que nos sirve
para seguir en él pensando.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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