Cullera tiene ese atractivo de localidad que vive del turismo y al mismo tiempo mantiene una serie de singularidades que la hacen a pesar de los pesares pueblo marineros que se resiste a perder los pequeños detalles que sirven para diferenciar su pasado del presente.
Volver la vista atrás y mirar los archivos fotográficos puede servir para entender de lo que estamos hablando. Ahí está su esplendor histórico de pueblo que pudo llegar a ser ciudad con puerto incluido en su faro si otros hubieran sido sus intereses. Como pueblo marinero con la sal corriendo por las venas de sus habitantes, se abre el casco antiguo a la gran planicie de San Antonio y en lo que otros días fue lugar de descanso de aquellos que se deleitaban viendo las salidas y puestas del sol, comenzó a surgir una ciudad artificial al gusto de sus promotores, que solo querían construir en altura y sacar el mayo r rendimiento posible a los solares.
Desde el castillo San Antonio la explanada de la playa parece un campamento romano muy bien cuadriculado con miras a la mar, dando la espalda a la cercana montaña y alejada del río Júcar por un espacio hoy desierto, donde ayer hubo campos de naranjos y otros tipos de frutales.
Así visto Cullera vive de una antigua gloria, así la cantan sus músicos y poetas que llevados por el cariño a su tierra se deleitan lanzando al aire las mejores tonadillas e himnos patrios.
Quienes vienen desde fuera para pasar unos días la ven de forma diferente de ella solo quieren su sol, descanso, comida y poco más. Cuando pasa el verano y el trenet turístico que comunica la playa con el Faro, el castillo y la ciudad desaparece; cuando los restaurantes se vacían de gentes; cuando la playa vuelve a ser arena viva, es cuando Cullera retorna a ser el viejo pueblo acostumbrado a oír historias de piratas y aventuras de marineros lanzados al mar para buscarse el sustento.

Hay más de una Cullera, todo depende de la lejanía al mar o a la montaña. Esta la Cullera con sabor morisco en sus callejas estrechas y levantadas sobre el llano al encuentro de la montaña; la Cullera aristocrática con un patriciado urbano de origen agrario que tuvo en la naranja algo así parecido a lo que es un rayo de sol; está la Cullera marinera cerca del río como lugar de embarque y de retorno y está la Cullera que vive del turismo, algo así como el cántaro que una vez lleno de monedas poco a poco se va vaciando.
Pero de todas las Culleras, la mejor es la que se respira en los viejos bares donde todavía se cuentan historias que tienen que ver con los moriscos, carlistas, realistas y lo que se quiera oír.
Cullera desde siempre necesitó estar contra algo y los cullerenses sabiendo a lo que juegan cada uno de ellos lleva en su corazón una historia que contar, casi siempre medio verdad y medio mentira, con tal de agradar a quien escucha sin más interés que perder unos minutos de los muchos que tiene el día.

La buena cuestión es que el asunto que me traía era otro. Tengo que decirles que si de verdad hay una visita obligada esta debe ser a su castillo, por aquello de que tiene que ver y mucho con su historia, tan perdida en el tiempo como los yacimientos arqueológicos que se han descubierto en su término desde épocas prehistoricas hasta históricas, con edades que van desde la piedra hasta hoy en día.
Si suben andando hay una carretera que lleva hasta su explanada y desde allí andando o en ascensor hasta las mismas puertas del monasterio de Nuestra Señora de la Encarnación.
Como he leído en algún lugar:
"El templo es conocido también como el Santuario de la Mare de Déu del Castell, comenzó a construirse en 1891. Se terminó seis años más tarde, pasando a la custodia de la orden franciscana en 1922 hasta el parentésis temporal de la Guerra Civil. Consta de tres naves separadas por pilares y coro a los pies; en el presbiterio poligonal, levantado sobre gradas, se venera la imagen de la Señora de la Encarnación, entronizada en un baldaquino"
Recuerdo como un cazador allá por los años 80 del siglo XX se vanagloriaba de haber dado muerte a una de los últimos zorros de la montaña y lo hacia con esa muestra de alegría que demuestra el poco fuste de algunas personas.
Otro forma de subir al castillo es desde el mismo pueblo, ascendiendo por una calle empinada que lleva hasta la torre Mora y desde allí paso a paso, estación tras estación hasta la puerta de acceso al monasterio o al bar que se abre con su terraza sobre la bahía.
Se puede subir poniendo especial cuidado ascendiendo por una de sus vertientes en la que se localizan los restos de torreones y de murallas. Vistosa esta ascensión sirve para comprobar lo que les hemos comentado sobre la playa de San Antonio y su disposición urbanística al ejemplo de campamento romano.
También se puede llegar descendiendo desde el fortín a través de una senda angosta la de la Lloma
El castillo es algo así como un cuadro de Goya llevado a restaurar. Quienes de esto saben dicen que se podían haber construido uno nuevo, a gusto de la clientela, y haber dejado el antiguo tal y como estaba. Así he leído que:
"A un costado del Santuario se encuentra el acceso al Castillo de Cullera. Tal y como lo conocemos hoy, es una construcción de época califal (siglo X) construido por el estado cordobés para el control y defensa del territorio, especialmente el litoral costero y la desembocadura del río Júcar. Desde sus terrazas y almenas puede verse toda la comarca, el río, las playas y la ciudad de Cullera al completo. Un lugar ideal par hacer fotos y viajar con la imaginación a las épocas en que se defendían las ciudades mediterráneas a sangre y fuego.
El Castillo pasó a manos cristianas en el año 1239 y, más tarde, perteneció a la Orden del Hospital. Durante el s. XVI fue pieza clave en la defensa de Cullera ante los frecuentes ataques de los piratas berberiscos, que asolaban las costas levantinas. En el siglo XIX volverá a asumir un papel protagonista en la historia como consecuencia de la Guerra de la Independencia y las Guerras Carlistas, construyéndose muros y aspilleras tanto en la parte occidental como en la Torre Mayor.
El conjunto del Castillo de Cullera está conformado por la fortaleza, dos recintos fortificados o albacares y cinco Torres, así como el Alt del Fort. Gracias a intensas obras de rehabilitación, el Castillo hoy puede ser visitado y abre las puertas tanto de su Museo como de salas y torres que se usan también en verano para albergar parte de la agenda cultural estival, con conciertos a la luz de la luna en la Plaza de Armas del Castillo"
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