Y asesinaron al poeta
y con ello se renueva,
años tras años
suenan,
tiros que pegan
al cuerpo que cae
que se entrega
al negror de las noches
sin estrellas
bajo capas de tierra.
Y si el poeta murió
y si desde Cullera
miras en la noche te quedan
preguntas que vuelan
hasta allí donde yacen los restos
de quien levantó la conciencia
de millones de gentes que se resisten a olvidar la tragedia.
Tal muere el poeta,
tal cae abatido,
tal los libros de historia lo cuentan,
Nueva York despierta,
en el frescor de un verso, casi tormenta,
sobre la superficie de las aguas, lloran las sirenas.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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