viernes, 26 de marzo de 2021

POESÍA: PARA CUANDO LLEGA EL INVIERNO DCCLXXII

 UN SER SUPERIOR VIGILA MIS ANDANZAS 


I

Creo que no tengo enemigos,

a día de hoy

todavía no me han matado,

digo yo que será 

que no hace falta

mandar a uno al otro mundo

por nada.


La edad irrumpe en uno,

acumula contenedores de faltas,

es un fuelle

que no para

de echar aire, 

de lavar la cara

a las brasas.


Si me confundo

es debido a que el día ha salido gris,

veo a través de las ventanas,

ropa tendida

y la desgana

de quienes al otro lado del vacío

me miran con malas caras.


El peor de los enemigos

es una mala meada,

así empiezan los problemas

que nos llevan a la cama

con el pensamiento puesto,


pregunta ésta que alarma,


¿Qué será de nosotros,

los viejos, 

mañana'



II


El inquilino mira,


tiene una gata fea y mala,


suspira,


come lentejas

y bebe horchata


Si no les digo más


es debido a que no me da la gana.


A estas alturas

de la trama

deberían saber 

que el relato se enmarca

dentro de eso 

que se llama

descifrar

teorías cuánticas.


Vuelvo al relato,


quizás no puse demasiado empeño,


pensaba que no hacia falta


decir que quien suspiraba

era la gata,


las lentejas de bote,

y la horchata de Alboraia.


III


El frío me come

en mi ser más íntimo 

debe habitar una araña

siempre tejiendo

una tela larga

aunque a este

que escribe,

mientras habla,

solo le gusta

descifrar el origen de las palabras.


Les puede asegurar,

sin dar por hecho

que no sea 

lo mío

una teoría barata,

que el frío es la antesala

a una mesa de mármol

en su parte externa muy blanca

aunque por dentro lleva

minerales de texturas varias

ejerciendo fuerzas extrañas.


¡Madre mía!

En el fragor de la batalla

construyendo versos

que no sirven para nada

me olvide de fichar

y quien con el reloj juega

tendrá mañana,

eso que se llama

un aviso que dirá,

en su horario faltan

quince minutos que empleo en no decir nada.


IV


Vuelvo a ser,

otra vez, sin falta,

quien les relata,

episodios homéricos,

 y andanzas 

de un Dios Brahma,

contemplando

con mirada seria

y barriga abultada

el transcurrir de los días

en una vieja fragua

de la que salen chispas

y en la que se templan espadas

que servirán

para ir a las batallas

defendiendo con saña

las nocivas enseñanzas

que uno aprende 

delante de las cámaras

de un televisor

que me gruñe

con fiereza de hiena descarada.


Delante de la pantalla de plasma

veo las bufonadas,

de una sociedad

la nuestra,

podrida como una manzana,

que yace

en un cesto 

olvidada

sin que nadie

eche en cuenta 

que sus vitaminas 

nos hacen falta

por aquello

de mantener la mente sana.



V


Esa chica que me mira

la llevo grabada,

tal tatuaje

en la espalda.


Si me hace guiños

es porque quiere,

yo no le dije nada,

bien sabe Dios

que aquel día paseaba,

y que tras consumir

a golpe de sardana

unas copas de anís

marca la Castellana,

me dije,

¡ya está bien

de hacer la jugada

a esta sociedad

hambrienta de hazañas!


Fue por esto,

solo por esto,

no me hizo falta

ni más chutes

ni más arritmias baratas,

por lo que desde ese día

y a una hora

muy señalada

marqué para siempre

sobre mi endeble espalda

la silueta esterilizada

de Marilyn Monroe

chupando un cucurucho de nata


Autor: José Vicente Navarro Rubio













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