UN SER SUPERIOR VIGILA MIS ANDANZAS
I
Creo que no tengo enemigos,
a día de hoy
todavía no me han matado,
digo yo que será
que no hace falta
mandar a uno al otro mundo
por nada.
La edad irrumpe en uno,
acumula contenedores de faltas,
es un fuelle
que no para
de echar aire,
de lavar la cara
a las brasas.
Si me confundo
es debido a que el día ha salido gris,
veo a través de las ventanas,
ropa tendida
y la desgana
de quienes al otro lado del vacío
me miran con malas caras.
El peor de los enemigos
es una mala meada,
así empiezan los problemas
que nos llevan a la cama
con el pensamiento puesto,
pregunta ésta que alarma,
¿Qué será de nosotros,
los viejos,
mañana'
II
El inquilino mira,
tiene una gata fea y mala,
suspira,
come lentejas
y bebe horchata
Si no les digo más
es debido a que no me da la gana.
A estas alturas
de la trama
deberían saber
que el relato se enmarca
dentro de eso
que se llama
descifrar
teorías cuánticas.
Vuelvo al relato,
quizás no puse demasiado empeño,
pensaba que no hacia falta
decir que quien suspiraba
era la gata,
las lentejas de bote,
y la horchata de Alboraia.
III
El frío me come
en mi ser más íntimo
debe habitar una araña
siempre tejiendo
una tela larga
aunque a este
que escribe,
mientras habla,
solo le gusta
descifrar el origen de las palabras.
Les puede asegurar,
sin dar por hecho
que no sea
lo mío
una teoría barata,
que el frío es la antesala
a una mesa de mármol
en su parte externa muy blanca
aunque por dentro lleva
minerales de texturas varias
ejerciendo fuerzas extrañas.
¡Madre mía!
En el fragor de la batalla
construyendo versos
que no sirven para nada
me olvide de fichar
y quien con el reloj juega
tendrá mañana,
eso que se llama
un aviso que dirá,
en su horario faltan
quince minutos que empleo en no decir nada.
IV
Vuelvo a ser,
otra vez, sin falta,
quien les relata,
episodios homéricos,
y andanzas
de un Dios Brahma,
contemplando
con mirada seria
y barriga abultada
el transcurrir de los días
en una vieja fragua
de la que salen chispas
y en la que se templan espadas
que servirán
para ir a las batallas
defendiendo con saña
las nocivas enseñanzas
que uno aprende
delante de las cámaras
de un televisor
que me gruñe
con fiereza de hiena descarada.
Delante de la pantalla de plasma
veo las bufonadas,
de una sociedad
la nuestra,
podrida como una manzana,
que yace
en un cesto
olvidada
sin que nadie
eche en cuenta
que sus vitaminas
nos hacen falta
por aquello
de mantener la mente sana.
V
Esa chica que me mira
la llevo grabada,
tal tatuaje
en la espalda.
Si me hace guiños
es porque quiere,
yo no le dije nada,
bien sabe Dios
que aquel día paseaba,
y que tras consumir
a golpe de sardana
unas copas de anís
marca la Castellana,
me dije,
¡ya está bien
de hacer la jugada
a esta sociedad
hambrienta de hazañas!
Fue por esto,
solo por esto,
no me hizo falta
ni más chutes
ni más arritmias baratas,
por lo que desde ese día
y a una hora
muy señalada
marqué para siempre
sobre mi endeble espalda
la silueta esterilizada
de Marilyn Monroe
chupando un cucurucho de nata
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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