Bajaron las audiencias
y alguien se alarmó
fue algo así
como un timbrazo
avisando de los malos tiempos que venían
envueltos en noticias
de códigos indescifrables.
Adivinó lo que pasaba
e hizo aquello que le pareció más lógico
subió las persianas
y miró
las copas de los árboles.
Se dio cuenta de que con el cambio de horario
las aves se habían marchado antes
y de que
los lectores de poesías,
deberían estar en ese justo instante
saliendo ya
hacia allí donde
el sol pegaba más fuerte
y las olas se derriten
entre los dedos de los pies
y son juguete
de los niños que con ellas hacen
castillos de arena
de endebles tabiques y pilares.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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