He ido a ver el río,
he ido
para que no me lo cuenten.
Me dicen que le han puesto
altos paredones,
y que van a alzar
la altura actual
de algunos de sus puentes,
pero el río no lleva agua,
es una rambla que sale,
es un lugar donde crían los patos,
donde crecen en completo desorden
las diversas especies de fauna fluvial
y de pequeñas cotas de monte.
Por allí no hay más peces
que aquellos
que enlatados corren
por exiguas corrientes
cuando el río se desborda
y arrastra de forme innoble,
lo que pilla y recoge,
lo que le llega y roba,
lo que le viene
desde esas especies de cañones,
barrancos de cañas y juncos
y retorcidas especies silvestres,
que vienen a parar a su cauce.
Por allí el río
es hoy algo diferente,
ya Magro eterno,
ya rambla Seca,
ya como se le nombre,
él que a la historia
en su alma la tiene
sabe donde está
la vieja ciudad de Sucro
y él entiende,
que las desgracias cuando ocurren
siempre son por culpa del ser humano
por estar allí donde no le corresponde.
Él es río y es buena gente,
si se le respeta y teme,
el se deja acariciar, el se sabe,
amigo noble,
aunque de vez en cuando
le entran enfados
que se saldan con desastres y muertes.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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