Un paisaje sin más
con una luna asustada
que ya se alejaba
con un sol hambriento
que se alimentaba
con sus rayos de sol
en las mañanas
en que el frío congelaba
las cuerdas vocales
de un piano de cola larga.
Musitan los libros
que hay encima de la cómoda
junto a un enchufe y unas gafas,
uno dice algo
de la barbarie ignorada
y el otro exclama:
¡allá va el dolor de la rosa!
Así están las cosas
pudiera ser que cambiaran,
estamos a lo que venga
con dolor, esperanza
y al mismo tiempo ganas.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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