Acabo de leer un poema
y quería contar lo que en mí queda
de esta experiencia
altamente cotidiana.
Y es que se hablaba de un viaje
y de lo que en la tierra quedaba
después de que el poeta se marchara.
Y por allí estaba el pozo
y por allí los que amaban
y un espíritu que mira
y deja que no pase nada
y la tarde ya de serenata
y el árbol y la luna descuajada
de su entorno donde jugaba
a ser algo más que un objeto perdido
que nadie reclama.
Y estaba el pájaro cantando
y estrepitosas campanas y de un soplido
de esos que de vez en cuando se lanza,
quedó todo convertido
en el calado negro tristón de una página,
que uno cierra para dejar esta marca
en señal de que estuvo por allí
y da su duelo entre tristezas
de diferente signo y amplaría.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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