Ya no hay cartas de amor,
ni de otras clases,
de esas que los sentimientos
se ponían a la altura
de las grandes torres,
del medievo en europeo
para cuando había alquimistas
y artesanos,
dedicados al noble arte
de trabajar la piedra
y sacarle
esa alma suya
que sin saber a que viene
se puede transformar en rostro,
en un desnudo,
o cualquier otra cosa,
ya persona deforma, ave o rapaz,
a la espera de llevarse
su parte de ración
con que saciar el hambre.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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