Era un reto
y se quedo
como si fuera
un queso
lleno de agujeros,
con sus vetas
azules,
con sus olores
a estiércol,
con sus ajos
formando parte
del contenido
lácteo,
invento
que define
lo que hacemos,
para cuando
la tarde
invoca
al dios de los vientos
y sopla Eolo
y mueve
los destinos
de los pueblos.
De verdad
que no quería
hablar de esto
y a pesar de ello
un impulso
superior
que nació en mi cerebro
hizo
que mis músculos
y nuevos filamentos
propagaran
minúsculos opúsculos,
ya resumiendo,
una especie de salpullidos
que convierte
lo etéreo
en algo superior
llamado corpóreo.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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