Y mueren los poetas muchos en la cama,
otros no tienen oportunidad de volver a casa
se vacían en un poema
y se les encuentra a cara destemplada
por esos atardeceres de oro
en los que sol se encarga de salpimentar las caras.
Renée Nicole fue asesinada,
sin más,
porque protestaba y se marchaba,
porque llegó un poseso de esos que juran
siempre venganza,
de esos que odian porque saben
que el odio mantiene a raya
a quienes aman la vida,
a los poetas,
a las amas de casa,
a los negros,
a los de cualquier raza
y a los que sin venir a cuento nada
se atraviesan en sus felonas miradas.
Son hijos e hijas del diablo
que suelen asesinar
casi siempre por la espalda,
tienen permiso,
se les dan medallas,
se les pagan sus asesinatos
con puestos de categorías altas
en las administraciones al servicio
de los déspotas que mandan.
Elevados a una potencia desconocida
en la que no entran en juego las matemáticas
se sienten protegidos,
los asesinos entre ellos el de Renée Nicole,
notan las aireadas de viento que siempre mata.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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