Aquellas montañas
fueron por mi visitadas.
Me llegué a ellas
en días en que me sobraban fuerzas.
Hace tiempo
que las tengo olvidadas,
las cosas que se olvidan
muchas veces son malas
y otras buenas.
Una de aquellas montañas
que dibujo para este poema,
tiene forma de cola de yegua
y la otra de trompa de elefante,
ahora que las miro veo
como puntos
pintados sobre ellas.
Entre montes y montañas
hay muy poca diferencia,
convergen
en eso de ser madres
y padres de una misma flora.
Sus olores son parecidos
y el cansancio por igual
hace en quienes las pasean mella.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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