Me miro las manos y son mías,
son míos los poemas,
mis hijos,
algo queda de todo aquello
que nos hace seres humanos,
cada vez cuesta más subir contracorriente
por ese río
donde los poemas vienen a nacer,
así y así ocurre
durante la vida
fértil de escritor de cualquier poeta
que juegue a lo mismo
sin importarle otras cosas.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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