Es probable que el tenista
meta la bola donde quiere
o que se llene de pelota
o puede ser que lo suyo
con su saque
sea un bolazo que se estrelle
contra la red que nunca sintió
el roce del agua de los mares invernales.
Si la bola entra
hay que estar pendiente
al posible remate,
a ver lo que pasa
y como el juego se pone,
si es verdad que el revés
bien afinado duele
y que la volea rompe
el polvo de las telarañas
que al encuentro
asisten como espectadores
Un drive de derecha
bien llevado hasta el límite
es una especie de jaque mate
y si el revés se hace con los ojos
puestos donde el juego requiere,
podemos decir que el punto cae
allí donde más se juega
y desde donde más daño
se hace al contrincante.
En una subida a la red
se ve el alcance
de quien siendo jugador
lleva en la mente
hacerse con un juego
que ya en su corazón se siente
y así un globo pone
a los espectadores de pie
que esperaban una dejada
de esas que lame
el cordón umbilical
por encima del cual
las pelotas veloces corren.
Y nos vamos del poema
antes de ver
uno de esos ataques de fondo
o una paralela
que puede que se pierda
en el fondo donde
los recoge pelotas
del trallazo se protegen.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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