Vuelvo a ase lugar de la Mancha,
vuelvo sin moverme del sitio,
vuelvo a la biblioteca
por allí miles de libros,
de contenido incierto,
de amorosos brazos
que duermen en el subconsciente de uno.
La Mancha no es de metal su ombligo,
ni de oros sus pupilas
en lágrimas convertidas en humo,
ella es lo que se encuentra
allí donde busca uno,
una raíz es,
que crece fuera del tiesto
donde su simiente se alza
para dar abrigo.
Soleadas tardes es y también frío,
de largos calores y nieve y lluvia
y siempre de la mano cogido
ese estímulo último
que lleva por calles empedradas,
a puertas que cuando se abren
dejan ver lo que dentro es
ese caldo de cultivo
que lleva de la noche al día,
entre silencios profundos.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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