Y vuelvo a la mañana
y lo hago porque ella forma parte
de esta aventura.
Las mañanas son las hostias
no se si benditas o no benditas,
pero es verdad que son reales,
que saben a panes,
que aglutinan muchas de esas cuestiones
de las cuales tomamos algo
para escribir más de una poesía.
No se el por qué las mañanas son tan iluminativas,
o purgativas,
ni por qué ellas se convierten algunas veces
en parte de esos últimos segundos de vida
de alguien que va a morir en medio de una guerra estúpida.
Se ven ellas las mañanas con ánimos diferentes,
las hay paliativas y alegres y tristes,
las hay rotas como un huevo
encima de unas patatas fritas
y las hay divertidas,
esta sin entrar en más detalles es de esas
que valen la pena llevarlas encima,
cerca del corazón, por allí ella
esperando que uno respire
para sentirse ella en mi interior admitida.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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