El estrecho de Ormuz
suena a Ilíada y a Odisea,
a una larga historia
de batallas
en sus guerras,
que los dioses
con sus palabrerías atizan
para cuando la levedad del fuego
no quema.
Es algo más
de aquello
que en los televisores retumba,
por allí se ciñe
cada cual a lo suyo,
transitan barcos,
se vigilan
y en mitad de ello
resulta
que suben y bajan las apuestas
y la bolsa se dispara
hacia la luna,
unos se hacen ricos,
se congelan las ideas
y salpican las aguas del mar
peces que se visten
de noche oscura
para huir lejos
de tanta barbarie sin epopeya.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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