Eso de cambiar la hora
cuando a alguien le apetece
es a mi parecer un disparate,
una locura
de un genio de pies de barro
que nadie sabe donde habita
ni lo que pasa por su mente.
La primavera
solo quiere
color por todas partes,
amor a caudales,
sonrisas de veras,
alegrías limpias
y candidez
como la de los lactantes
en manos de sus madres
algo así como un diamante.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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