domingo, 21 de marzo de 2021

El exilio republicano en Túnez Yazidi, Bechir

Diez buques y un submarino de la Marina republicana con 4.000 militares se dirigieron a Túnez en 1939 para pedir asilo político – Fueron unos cuatro mil: más de la mitad regresó a España, donde fueron represaliados pese a que se les había prometido lo contrario, y los que se quedaron en Túnez fueron sometidos a trabajos forzados en duros campos de concentración por el Gobierno francés – Muchos españoles son recordados por contribuir con su buen hacer profesional al desarrollo y la modernización de ciudades tunecinas como Kasserine La presencia española en Túnez tiene una característica específica muy determinada porque fundamentalmente estuvo protagonizada por la Marina republicana que con diez buques y un submarino acabó fondeando en el lago de Bizerta a comienzos de marzo de 1939, tras habérsele negado el desembarco en el puerto argelino de Orán. 

 Más de la mitad de los cuatro mil militares republicanos que habían huido a Túnez tardaron poco en regresar a España engañados por un jefe militar franquista que les prometió que no se tomarían represalias contra ellos. Pero los que se quedaron en Túnez fueron sometidos a trabajos forzados e internados en campos de concentración, siendo algunos auténticos “campos del infierno” como el de Gebes, según Yazidi, quien también reconoce la importante aportación de los republicanos españoles al desarrollo y a la modernización de ciudades como Kasserine, introduciendo técnicas innovadoras en los cultivos agrícolas entre otras cosas. 

Un documental, Morir en el exilio, morir en el olvido, rescata esta porción perdida de la memoria colectiva. "Un fragmento extraviado de la guerra civil española", dice el autor del reportaje publicado por la Agencia EFE, Javier Martín. La obra cuenta la travesía de la flota republicana que arribó a la costa africana en marzo de 1939. Pero no solo. El trabajo saca a la luz imágenes archivadas de aquellos barcos. Y revela el periplo de 4.000 exiliados que pusieron rumbo a Túnez o cómo la mitad regresa ante el reclamo de la "amnistía" de Franco. Todo, con la pátina argumental de uno de los refugiados: Marcelino Llano Cotrofe, anarquista de la CNT. Las autoridades tunecinas ya tienen un acuerdo con Salah Saadly, dueño del patio. Y la embajada española en Túnez "está implicada", adelanta Javier Martín, delegado de EFE en el norte de África. Falta –continúa– que el nuevo Gobierno de España, una vez constituido, remate el plan a través del Ministerio de Justicia. Que "vuelva a funcionar la Memoria Histórica" y acabe rehabilitado el cementerio donde yacen 20 soldados españoles abandonados por la historia. "Apenas se necesitan unos 5.000 euros", dice. Españoles en camposanto africano La suciedad, el descuido, reinan en el pequeño camposanto africano. La veintena de exiliados españoles falleció entre los años 41 y 45. 

El documental ha rescatado una historia presa de la desmemoria y, además, ha propiciado el proyecto de recomponer el exilio olvidado en la tierra de Kassarine. "La prioridad ahora es recuperar la memoria y la dignidad de los allí enterrados", entiende Javier Martín. "Adecentar el cementerio, sacar las gallinas, recuperar de alguna manera las tumbas, colocar una puerta y una placa conmemorativa", enumera. Sacar esta memoria, de una vez, "del patio de atrás de la historia", subraya. La mayoría de tumbas conserva los nombres de quienes están allí enterrados. Hay 12: Eligio, Fernando, José, Marcelino… Y otros dos que aparecen el día de la visita de los reporteros al remover el barro que cubría la piedra. En Kasserine existen otros cementerios con extranjeros. Asociados a la Segunda Guerra Mundial, "a la Commonwealth e incluso nazis", y están "en perfecto estado de conservación". Porque, como sentencia Javier Martín, "un país que no deja hablar a sus muertos tampoco es capaz de dar voz a los vivos". El custodio del exilio tunecino Descuidado, colmado de excrementos, suciedad y aves de corral. Así describe al cementerio español de Kasserine el trabajo de la Agencia EFE. Las veinte sepulturas están repartidas entre la grava. Bajo la sombra acaso de un exiguo ciprés. Un lugar abandonado con un único custodio, Salah Saadly. "Vivo aquí desde hace 32 años, cuando llegué ellos ya estaban", explica en el documental. "Hay veinte tumbas. Las hemos contado. El terreno que ves es el original del cementerio", continúa. La nieta de Saadly corretea entre las lápidas. Algunas abiertas. Rotas. "Se dice que están enterrados en este lugar desde la Segunda Guerra Mundial", advierte. El guardián del exilio olvidado en Túnez vive en la casa anexa. Es conductor de tanques jubilado. Tiene cuatro hijas. Y cuenta con pesar el deterioro del camposanto: "Antes la gente venía aquí para beber alcohol y correrse juergas, pero desde que estoy aquí nadie lo ha profanado".

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