De esparto era la cuerda
que unía a las familias,
la soga
y la tomiza;
el cabezal en la cuadra;
en la era el rodillo
y la trilla;
de paja los pesebres se llenaban,
en las gorrineras se oía
el comer majestuoso de los cerdos
ya les quedaban
contadas más comidas
para ser ellos platos
exquisitos de cocina.
Bien hundidas
las suelas de las albarcas
en el barro,
mil penalidades
alentaban nuevas aventuras,
a quienes la pobreza les servía
para luchar en esta vida,
por algo mejor,
allí donde la mano de obra
era requerida.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
No hay comentarios :
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.