En un poema
nunca sobran letras.
Ocurre que ellas
se utilizan,
de diario y normal
ya convertidas
en una especie
de moneda,
que se usa
para ver
puestas de sol
y derivas
de planetas,
que si no fuera
por la poesía
quedarían
en ser sujetos
de la ciencia,
sin más tinta
escrita sobre el tema
que la que un calamar
encìma lleva.
Autor: José Vicente Navarro Rubio
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