lunes, 5 de noviembre de 2018

POESÍA: MARCHA A PIE L'ALCUDIA A MILLARES 2018 Y HASTA LA PRÓXIMA



Para poner un punto final
primero hay que comenzar
así lo hacemos
y así lo podrán comprobar
la Marcha a Millares acaba de sonar
a disparo en mitad de un matorral.

Todo comienza
en la Noria
y desde allá
pisando fuerte
se llega hasta un lugar
donde es obligado llevar
luces
con las que despejar
el camino
y si hay lugar
no pisar
los charcos,
en la senda infernal
por la que comenzamos a avanzar.

Se llama la Parra,
bien su nombre
nos dice sin pestañear
que no se encontrará
la Parra ni el parral
por ningún recóndito lugar.
Hay gato encerrado,
¿ya me dirán?
¡si solo se ven pinos
y algún que otro zarzal!

Pepe pide luz
casi acaba de clavar
la zapatilla en un charco
que en el camino se va a presentar
sobre el suelo parece
un cristal.

¡Luz!
¿que más da?
y la luz llegó,
era algo así como un rotulado panal
anunciando una discoteca
con sus tonos
que van
del rojo al amarillo
¡Bien está!

No hablan las piedras,
están acostumbradas a callar,
aunque las pises
ni rechistan
ni rechistarán,
así llevan siglos
rodando sin parar
entre barrancos y sendas
se les puede encontrar
por aquí en la Parra
son del tamaño de una bola de billar.

Se sube y se baja
y se vuelva a bajar,
todo consiste en encontrar
el punto exacto
donde el mojón señala el lugar
por donde hay que pasar.

En fila india,
se ve
avanzar
a ese grupo de senderistas
que año tras año
suelen escalar
macizos
y mesetas
con tal habilidad
que la zona parece
su casa particular.

Aparece un todo terreno
¿Qué traerá?
Avisa el reloj,
lo hace sin hablar,
de que llevamos un retraso singular,
la senda rota
y los mojones en su lugar
se avanza pensando
que pronto llegará
el momento de almorzar.

Las cabras se avistan,
sobre un peñasco
otean
nuestro transitar,
desde siempre suelen llegar
acompañadas de sus crías
les vienen a enseñar
que esos que por debajo pasan
son mortales de fiar,
pues no llevan escopeta
ni intención de disparar
y es su único afán
caminar.

¿Y los cabrones donde están?
Van a la suya
durmiendo deben estar
han oído ruido
y sin más
han dicho que no es de respetar.

La laguna
¿y que más?
Piedra es
y piedra será
con las montañas peladas
y en alguna oquedad
culturas antiguas
por despertar.

Pertecaste
Suena
a pecado venial
pues lo que viene después,
si no fuera por el almorzar,
es casi un pecado mortal.
Dijo Dios
¡No me desafiarás!
y fue desafiado,
por Eva y Adán,
hasta la saciedad.

Llega el almuerzo
y todos se ponen a almorzar
desde la “a” la “z”
se les ve
sin más necesidad
de pensar.
Por las mentes pasa
aquello que da lugar
a montar
un monumento singular
a todos los que se han atrevido a circular
por estas tierras sin más amo
que la claridad
y
oscuridad
que los días traen
sin necesidad de pagar
a la compañía de la electricidad
y del  gas.

Jamón y queso,
hasta casi champán,
es el momento ideal
para la hermandad
de la Santa Trinidad
y enseñarnos
que somos mortales
y a ello se debe
esa necesidad
de echar carburante al cuerpo
para que éste pueda reaccionar
como un vehículo de tracción animal.

Ximo y Guillem con el GPS
nos guían
nos cuentan al pasar
¿falta uno
donde estará?
debajo un pino
se oye,
haciendo alguna necesidad

Majalico Blanco
Inmortal.
Si un Majalico es un majano
nos podemos preguntar
¿dónde está?

La caza sobre este lugar
es desde la prehistoria
una necesidad.
Los de Tous
suelen cazar
con la escopeta al hombro
y el galgo sin salir del corral.

Se dice de ellos que suelen
llevar
siempre la misma perdiz
colgando
como si fuera un talismán,
fría la perdiz
no suele cantar
ni rechistar
de tanto sacarla del congelador
se suelen constipar.

Se rompen las zapatillas,
las suelas hacen ¡zas!
El ingenio es grande
con briznas
todo se puede arreglar.
Asi se hace
y vuelve la tranquilidad
en una mañana
con señales de nubes
que pasan sin molestar.

Entre balsas y señales
con signos de humanidad
nos adentramos por lugares
que dan lugar
a  algún que otro pesar.

Humanos somos
y con esto dicho todo está,
pues somos como las termitas
el principal mal
de que la naturaleza se convierta
en algo diferentes
para lo que inventada está.

Abejas,
y toca volar
Fausti
es arremetido
y se lleva casi un cardenal
sobre la cara lunar.

Vuelve el todoterreno
Y Ricard
sin rechistar
en el lugar indicado está
como un majano
marcando lindes
señalando la senda del bienestar.
 Se puede hasta repostar
hay de todo
lo que se puede pensar
parece el mercado de l’Alcúdia
traído desde allá
para deleite
y nada más.

Seguimos avanzando,
por aquí
y por allá,
se ve la senda
que dice Pepe Cebrià
que no volverá
a pisar
¡Más fuerte que Meló va!

En la Ceja
un vendaval,
estrecha la senda
da lugar
a que cada uno la baje pensando
en que ya vendrán
mejores momentos para descansar.

Bien está
al final
todos
llegan a las aguas
de un río infernal
caudal ecológico
el Júcar es un lodazal
en cuyo fondo descansa
una de las zapatillas
Madre Taiwan
del que les viene
a recitar
este cuento de nunca acabar.

Ximo y su mujer llegan
es su pesar
el salirse de la senda
para volverla a encontrar
allí donde ella descansa
y descansará.

En la subida al castillo
canta el sol de verdad
es la hora ideal
para estar en la caserna
y dejarse acariciar
por una rubia cerveza,
igual da la marca
¡igual da¡

Dicho y hecho
todos
Y
todas
comienzan por la caserna
a desfilar,
se llega roto,
al igual,
que los postes de la luz
que dejamos al pasar
por debajo de la Ceja
ya en el lodazar.

Con la comida
viene el pensar
en volver otra vez al lugar
para cuando las margaritas crezcan
y las rosas se dejen acariciar
en esos bancales perdidos
con no más agua que la cabe en un dedal.

Chorizos de la casa,
morcillas del lugar,
calamares de la poza,
jamón y queso
sobre la mesa un manjar
con postre
flán,
helado
no fuera el caso
de que pudiera sentar mal.

Al autobús
y a descansar,
pregunta el conductor
con su ingenio especial,
que si el regreso lo hacemos
por la carretera
o por el mismo lugar.
Es de Tous
y sabe más
de lo que nadie se pueda pensar
Dice,
para más hablar,
que las perdices
que los cazadores llevan
en el morral
debajo de las alas
se les puede encontrar
una etiqueta
que revela el lugar
donde las compró
quien sin disparar
alardea de aquello
que nunca será.

Pepe,
Gloria,
Xelo,
y a los habituales que han venido a faltar,
otra vez será,
la senda
ahí está
para quien quiera caminar.


Autor: José Vicente Navarro Rubio



domingo, 4 de noviembre de 2018

POESÍA: DE UN RÍO EL JÚCAR ENTRE REVUELTAS

Asumió que era la última salida
caminando por aquellas laderas,
quizás haya otra vez
¡quizás así sea!

Los silencios de la mañana,
las estrellas,
forman parte de esa fachada
que se muestra
caminando por esas tierras
donde el Júcar es corriente que no cesa.

Autor: José Vicente Navarro Rubio

POESÍA: DE UN RÍO EL JÚCAR ENTRE REVUELTAS

Si el Júcar fuera una doncella,
desnuda ella,
que bella,
solo vestida
con los mantos de la naturaleza,
corona de hojas de enebro
sobre su cabeza,
su rumor, trino, se cuela,
entre el follaje y suena, a maitines, cantar de iglesia.

Autor: José Vicente Navarro Rubio

POESÍA: DE UN RÍO EL JÚCAR ENTRE REVUELTAS

Millares
impone con su presencia
antiguo castillo,
fortaleza,
sobre el Júcar resalta
es como si quisiera
volver a otros tiempos
y sobre su cabecera
vigilar lo que desde la otra orilla llega.

Autor: José Vicente Navarro Rubio

POESÍA: DE UN RÍO EL JÚCAR ENTRE REVUELTAS

Costaba bajar,
despeñarse por su ladera,
ya el tiempo comido por la presencia
del sol radiante,
en el cielo, rey de la naturaleza,
abajo corriendo entre las peñas,
el agua que invitaba a profanar su presencia.

No se detiene ni reniega
solo quiere
cauce
que entretenga
las aguas que lleva
camino de otros lugares,
a otras tierras,

Autor: José Vicente Navarro Rubio

POESÍA: DE UN RÍO EL JÚCAR ENTRE REVUELTAS

No se si fue su cantar
el del río,
jondo,
cantar,
el que me llevó
hasta sus orillas
o
fue
la piedra 
tirada por el niño,
sus ondas
tan perfectas,
en las que naufragó mi mirada
antes de tocar la fría superficie
y notar en ella
la pureza
del agua corriendo
por la geografía heterogénea
de un espacio concreto
España, entre letras.

Autor: José Vicente Navarro Rubio

jueves, 1 de noviembre de 2018

POESIA: EN UN DÍA DE TODOS LOS SANTOS



Ya el día trae olor a chocolate
con sus últimos aromas
la muerte como mensaje
de aquello que sentimos
en estos instantes.

Nos lleva el coche
que corre
gracias a ese duende
que presume
de llevar caballos
escondidos en alguna parte.

La recta conduce
a velocidad aplastante
por un vial
sin sangre
y lleva hasta un peaje
que dice Cuenca
y así el verso arde
allí donde se guisan
buenos potajes.

Florece la luz
en un instante
y así
ya la mañana
en su bote
se oye un cante
de alguien que no sabe
que es día de aguantarse.

Una curva arremete
y en sus cornadas
saltan al aire
las penas de quienes,
uno y otro
hacen su viaje
mirando hacia adelante.

Cheste resplandece,
Chiva huele
a huerta con tomates,
ya Buñol puente,
con la otra parte
allí donde Requena
se siente conquense,
San Antonio
independiente
y Utiel
con su mestizaje
de una u otra parte,
según el aire baje.

La sierra es la madre
del sabotaje
de guerrilleros en combate
contra un régimen
que tenía a Franco como escaparate.

Casa y aceite
así en el viaje
vuelan las ideas
en las alas gigantes
de una perdiz en escabeche
en su lata
que le sirve de embalaje.

Yace el frío
donde duermen
los duendes,
que comen gachas,
vino beben,
nos hablan de lo suyo,
se entretienen
haciendo collage.

Pasa una pareja
de guardia civiles
y en ellos se ve que florece
el amarillo de las flores.
Son el alto voltaje
de una red de guardianes
que expande
un lema muy relevante:
la justicia es la simiente
que hace a los pueblos grandes.

No duermen
los trinos de las aves,
sobre los chaparros
casi estandartes,
algo así como un disparate,
a estas horas de la mañana
en que luce
una luz aparente
de rayos de sol
desprendiendo neutrones.

Hablamos de la vida
y de lo que trae
un extraño paisaje
que corre
por allí donde
una torre vigía alza su imagen.

Tente
entre caudales
de hierbas bordes,
almendros amargos
y ceporros de  vides
luciendo un raro traje,
Jaraguas y Fuenterrobles
y no llueve,
asi Camporrobles
saliente,
allí
buenos vinos se hacen.

En Villargordo
se siente
el aullido
de los lobos y coyotes.
Tierra de don nadie
por ella se pasa
diciendo entre dientes
buen viaje.

Un río de aguas suaves
adormece
allí donde un largo puente
se abre
y con manos de buen padre
une el mar con tierras salvajes,
es Alarcón
y su Rabo de la Sartén
quienes
se alejan
mientras prosigue el viaje.

Pasamos y así avanzamos
por un salvaje este
la Minglanilla y Motilla
son el acicate
para seguir el viaje
hablando de la mala
y
buena suerte
y entre medias sin ser miércoles
 se avistan la Graja e Iniesta
entre acelerónes del coche.

Un toro de Osborne,
azabache,
alto
como una torre
se resiste
a dejar de ser
ídolo de una España decadente
y así la vista se pierde.

Si Cuenca fuera una novia
detente
y pisa fuerte
pues tiene el virgo indemne.

La autovía se abre
y el coche asciende,
Albacete, Madrid,
Alarcón con hospedaje,
parada y fonda
y si atienden
se ve un Castillo sobre el aire.

En casas de Benítez
buen forraje,
El picazo sobresale
y Tevar con quesos
que huelen a oveja
y leche
retienen
el paladar de quienes se los comen.

Cañavate y la Atalaya
caben
en un saco
sin más ataje
que la fuerza atrayente
de la historia de sus gentes.

Una bandera grande
en Honrubia sobresale
y es que en un restaurante
Marino atrae
a quienes pasan buscando
comida y hospedaje.

Torrubia en el agua
se defiende,
solo quiere
seguir siendo
pueblo con algunas calles.

Y ahora el Castillo
con su follaje,
almenas y sillares,
castillo e infante,
poeta muerto
y Federico  Muelas contando su mala suerte.

Cantera de mármol,
cueva de serpientes,
molinos de alambre,
en Pinarejo
mata el hambre
una hurraca
sobre un viejo poste.

Y aquí,
con la iglesia
sobresaliendo
por encima de los montes
se acaba este viaje,
allí donde unas cruces
de piedra indican estaciones
de un viacrucis
con mucha clase.

Flores
y así sus olores,
en el camposanto bullen
recuerdos impresionantes
mientras comienza la tarde
y visita a nuestras gentes
con una comida
en un mesón atrayente,
ensalada de ventresca
en su aceite
oreja de cerdo
crujiente,
bacalao recubierto,
en su traje de monje,
  morteruelo,
casi mojete,
y fuera del guión
alubias pintas
en su potaje.

Volvemos
al comienzo,
la carretera por delante
comiendo asfalto,
Utiel aparece
entre viñedos
ya ausentes
atardeceres con hielos
en sus altos dominantes,
así sus aldeas
vestidas del duelo permanente
de un  día atrayente
se quedan detrás
de quien da por terminado
este viaje.

Autor: Jose Vicente Navarro Rubio

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