lunes, 15 de enero de 2018

POESÍA: VERTICAL GANDÍA 2018, EL MONDUBER Y SU ASCENSO

Ya aletean en la mañana sueños
como alas de ave volando lejos
hacia esos lugares concretos
en los que la montaña se convierte en cepo
de quienes no sabiendo dar descanso a sus cuerpos
se someten a la furia de los elementos.

¿Quizás tu me digas que te va en ello?

Osado el ser humano
intenta llegar en su desespero
hasta allí donde rugue el viento
al saberse como la voz del poeta eterno.

En esta mañana subiremos,
ascenderemos,
pisaremos los riñones de la montaña
besaremos casi el cielo
y a pesar de ello volveremos a bajar
otra vez al mismo puesto.

Se empina el sendero,
recoge él
nuestros sentimientos y aliento
y así nos vamos creyendo
que el Monduber es algo más que un espacio
que al mirarlo desde lejos causa respeto.

Alegre el día atravesamos caminos
y perdidos lugares con sus secretos
con un solo empeño
afrontar la montaña con sosiego
y sobre ella dejar cual pintores
con sus brochas y dedos
nuestras pisadas sobre las rocas y duro suelo.

Así la meta se acerca,
así se nos van los miedos,
quizás tenga culpa de ello
quienes organizan este evento
y a base de dedicarle tiempo
logran que se cumplan nuestros deseos.

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio

POESÍA: DE UN NIDO DE GOLONDRINA COMIDO POR LA PENUMBRA

¿Y si tu no estás?
¿Y si para entonces ya no quedara nada?
La puerta cerrada,
las manzanas podridas,
la gota de agua cayendo sobre la pila,
la teja rota,
el nido de golondrinas comido por la penumbra.
Tan triste lo que nos viene,
son años, extraña mercancía,
cara cuando se busca
y gratis yo la daría
para cuando algún día
vuelva la vista atrás y no entienda que fue de mi vida.

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio

sábado, 13 de enero de 2018

POESÍA: ¿DE DÓNDE VENGO?

En estos tiempos se avecina todo aquello de lo que vamos huyendo,
las soledades cruzando por la raya hasta donde llegan nuestros deseos,
los improperios,
la barbarie de los pueblos sedientos más que de milagros de entendimiento,
en el cruce de un camino
surge la pregunta
¿de dónde vengo?
y así caminando llegó
hasta ese lugar concreto
en que uno se siente sediento
como el hombre perdido en un desierto
por la noche muerto de frío
y por el día huyendo de los rayos solares que queman el cuerpo.

La margarita sobre el chaleco
es flor muerta que huele a todo menos a aquello para lo que fue creada
por un Dios invisible que habita en el interior de un libro y Credo.

Con esto siguen las yemas de los dedos
aporreando un teclado
y sacando del cerebro de un chip fabricado con extraños elementos
algo más que virutas, sobretodo conocimiento,
con el cual manejar el mundo al antojo de los dueños
de los medios informáticos que pueblan el mundo entero.

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio

POESÍA: NO ME HABLES DE ELLO

No me hables de ello,
ni de la noche con sus recuerdos,
ni del día en que comprendiste que en el mundo estamos de paso
y solo somos cenizas, y huesos
en la tierra casi estiércol.

Así que caen las horas
en la mañana sedienta de palabras y de besos
se vuelve el hombre tierno
como la flor en la primavera con su cuerpo esbelto abierto
al pensamiento fácil en todo aquello
que tiene que ver con explosiones de alegría que recorren su cuerpo.

Es el silencio el que llama,
vive en el interior de una caja de madera,
dentro de nuestro cerebro.

Hablo de aquello,
de todo lo que me llega,
de lo que veo y presiento,
como el ciego, oscuridades,
como el ciego tanteo
donde está la sílaba y como la voy poniendo
con el fin concreto
de dar sentido a las palabras
y así poder decir lo que quiero.

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio

POESÍA: EN LAS ANTÍPODAS Y CORRIENDO

Pensé con aquello
de que si hubiera sido Dios
hubiera construido un mundo nuevo,
con peces de los mares saliendo, cebras volando,
gaviotas en los tejados poniendo los huevos,
hubiera cambiado la tierra por el cielo,
los fríos por calores,
los polos por desiertos,
la muerte por la vida,
la riqueza por un buen credo,
así caminando me hubiera predispuesto
para gobernar el mundo con empeño de político bueno.

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio

POESÍA: SOBRE UNOS RECUERDOS Y UN PUEBLO “PINAREJO”


Que tu me entiendas es importante,
la tierra es así, tal agua cayendo del cielo
y resbalando por unas mejillas a la búsqueda del surco estéril,
así se siente, por dentro, el pobre labriego,
el hombre duro por fuera y frágil por dentro
en las tierras del Pinarejo,
en otros días de todo un poco, pastor, labriego, jornalero, león de presas fáciles
en los montes incultos de un pobre pueblo.

Así la vida, la nuestra, la de los Navarros, 
así nos hicimos herederos
de una historia con sus leyendas y cuentos.

Así el Castillo de Garcimuñoz crecía,
así nosotros en nuestra aldea, casi abrevadero,
seguíamos siendo 
en las cuesta del camino como el mochuelo,
con su mirada fina atinando a divisar a quienes venían desde lejos
para saciar su sed de riquezas y de poder sobre los pequeños pueblos
con sus gentes y ganados, todo en la calle Tercia,
depositado bajo llave,
con su candado y puerta de madera de olmo viejo. 

¿Quién no quiere a su pueblo?

¿Quién no dijo una palabra más alta que otra defendiendo
a sus gentes y con ello
el buen nombre que no es poco del lugar de su nacimiento?

El olor de los rosales lo llevo por dentro
en aquellas alamedas donde se perdían mis pensamientos
cuando camino del pueblo
pasaba por ellas
y oía como el viento
buscaba en mis adentros
su cariño por ellas, 
la naturaleza que es lo nuestro.

Panes con sabor a vida
tan grandes que no cabían en un cesto
con su leña, horneados
en un caserón muy viejo
y luego,
cual esmeraldas y zafiros en las alacenas escondidos
con ese celo
que hace a los pobres ricos en buenos sentimientos.

Así crecimos
solo queriendo ser aldeanos en Pinarejo,
pues no había más mundo que el que veía nuestros ojos, reflejos, 
cuando íbamos camino
de la casa de nuestros abuelos,
en aquella calle con tanta pendiente
y yo tan pequeño
que todavía recuerdo
los guijarros de la calle entre mis dedos
de los pies
pegados al suelo.

Y allí la casa con su corral
y en ella la oscuridad latiendo
como el corazón de un oso
como la matriz de una mujer joven pariendo.

De la casa su banca y una alta cámara
con arreos
que en otros días sirvieron
para que unos bueyes labraran
tanto y a tiempo
que todavía sus pisadas resaltan en los caminos por donde pasaron
hacia las tierras del abuelo. 

Si la suerte es esto,
me ha tocado a mí,
no hay impedimento
resaltar de aquellos días
todo lo que mis ojos vieron.

Las viejas escuelas
eran algo así como el paraíso de las aves que vuelan por el cielo
y Doña Pía, la mujer que me miraba con ese celo
solo propio de quienes velan con esmero
por enseñar las primeras letras a un sinfín de catetos.

Así la luz del día me llevaba, a destiempo,
 a un viejo cementerio
de tierra removida
con huesos tan descarnados que brillaban por fuera 
cual estrellas en la noche saliendo,
cerca tan de pronto, 
alta y esbelta la iglesia me producía desvelos,
al ver mujeres y mujeres entrando y saliendo, con sus velos
y ropas tan negras como el carbón que sacan de las minas los mineros.

Por allí la casa de mi tío Mariano  con su pozo y patio pequeño,
casi relamiendo el tañido de las campanas
que en aquel patio con su escalera que yo creía que ascendía al cielo,
sabía a gloria y con ello a domingos de terciopelo.

Había un bar y en el recuerdo una barra y una puerta y una cueva 
y siempre el lleno
por aquello que el vino del tío Florentino
era un elixir que servía para dulcificar los sueños
de aquellos hombres con tantos surcos en sus cuerpos
que en ellos se podría haber sembrado trigos y centenos.

En la plaza una tienda con su tendero
de todo un poco y así recuerdo
botas de sardinas, alpargatas, membrillo
y en el techo
bacalaos colgados
con su sal cayendo al suelo.
Yo me relamía a sabiendas de que en aquel pequeño universo
era como el rey sin corona
que esperaba ser atendido en su desespero
con una onza de chocolate, sobre el pan un duro caramelo
y otra casa en la plaza de mi tía Carmen me lleva dentro
hasta esos fondos de altos techo
donde un corral largo se quiere salir del pueblo
y en ella un patio y un vivero de plantas en sus tiestos
y allí una mujer ciega, la abuela, Juliana, a tientas diciendo
¿cómo estás hijos mío?
y con lágrimas en los ojos queriendo palpar mi pelo.

No se me olvida el viejo pozo con sus misterios
tan hondo que dentro
se dice que vivían seres extraños
y recuerdo
a las mulas y burras bebiendo
agua antes de salir camino de algún campo de tierra seco.

Tiento los arbollones en una pared junto a una casa y dentro
la del tío Eugenio,
algo así como un misterio,
la casa pequeña, engendra hijos e hijas
todos ellos, un día también del pueblo salieron.

Ya la dula por las calles, casi las ovejas relamiendo
el sabor frío de las mañanas antes de salir del pueblo
y en esto una calle la de las Cruces y por ella, a destiempo,
 bajando la pastora,
bruja que pare pedos,
con una barra curtiendo
la piel, casi terciopelo, de un niño,
yo,
pequeño,
a quien su hermano, Jesús, defiende, con mucho esmero.

No va el poema por otros asuntos que no sean aquellos
que convierten a un pueblo en la esfera de su testamento.

Así las eras con su mies y parvas y montones de grano sobresaliendo
casi a la altura de un molino, que veo, tallado con navaja de duro acero.

Me acerco hasta la posada tan grande con su posadero
y se me viene a la memoria y en ello
me recuesto
en un poyo que había junto a la entrada para ver a los titiriteros,
vendedores de garrapiñas en las fiestas de febrero,
para cuando la plaza se llenaba de carros 
y Santa Águeda era sacada por las calles del pueblo
como si fuera la primera dama y el resto
esa corte terrenal con albarcas y zapatillas hechas con lonas de carros viejos.

Un coche en la plaza y dentro,
¡que misterio!
la tía Inocenta
con su voz firme saliendo del cuerpo
entre besos.
Es un vago recuerdo
como el sabor del mosto, dulce en su momento.

A Manuel Yllan, lo recuerdo
como si fuera un judío
relamiendo entre los dientes oro, plata y dinero
y observo
el bar de la plaza subido sobre el resto de casas del pueblo
con Francisco, su tabernero,
empeñado en dar de beber y de cobrar por ello
lo que fuera menester
con ese fin propio de quien cree en su oficio
y se vanagloria por ello.

Por la Carrera saliendo
un constructor de carros y un carpintero
de lápiz gordo y clavos como espadas hiriendo.

No falta en esta historia el estanco, ni Olegario, el estanquero,
 de todo un poco, casi Nuevo Centro,
con aquel hombre de hablar fuerte, 
que preguntaba entre sonrisas y aprecios
por la familia y me encomendaba que diera recuerdos.

Me llego en esto  Pitune, Juan José, por cierto 
con su boina y apego
a las bromas y al juego.
Era algo así como el alma de aquel viejo pueblo
en el cual Lunares se crecía por dentro.

¿Y la nieve y su blancura con sus fríos eternos?
Si nadie pregunta yo no hablaré de ello
aunque recuerdo
a mi padre abriendo un camino que llevaba lejos
mientras en la radio se cantaban números
 que en Navidad sabían para algunos a besos.

Así el pueblo no era pequeño
ni los pozos de agua llenos
servían para otra cosa que ayudar en aquello
de beber de sus aguas y casi de juego
para quienes en su brocales buscábamos dentro
nuestras caras casi de cemento.

Había un camino y un campo lleno
de aromas de esos
que al mascarse sabían a regaliz y con ella dentro
pasábamos los días relamiendo, la raíz fértil, escarmiento,
para quienes sin gloría en ello
marchaban a casa sin aquel postre y alimento,
por no tener fuerzas para sacar de los interiores del terreno
ese manjar de dioses tan efímero como bueno.

Para los veranos el sol ya saliendo
en los patios convertidos en aseos
se calentaba el agua en las artesas y cubos de latón viejo
 y con ella
nos lavamos el cuerpo
de arriba hacia abajo y también con vinagre,
creo que el pelo.

Guardo en mis adentros
el olor de los geranios, del jamón y del queso,
de los mojetes y potajes y en ello del pollo frito y del conejo.

Me viene a la memoria una cartera
que yo lancé camino de la escuela hacia el cielo
y a mi hermano corriendo
hacia un jardín con pozo y pocero,
casa solariega de ricachones
donde sirvió de mayoral un día el abuelo.

Solo guardo buenos sentimientos
y acabo en esto
con aquello que decía un niño,
yo de pequeño,
para cuando de Pinarejo saliendo
preguntó que era aquello del Puerto de Contreras,
en la noche algo así como el camino que llevaba del cielo al infierno.


Autor: Jose Vte Navarro Rubio

viernes, 12 de enero de 2018

HISTORIA DE UN COMBATIENTE DE LA DENOMINADA QUINTA DEL BIBERÓN

Mi padre siempre contaba una historia que tenía que ver con la guerra civil y con su participación en ella, como componente de la quinta del biberón. Esa historia tan repetida transcurrió durante su periodo en el frente, cerca de la Ciudad Universitaria de Madrid y del cerro Garabitas,,Casa de Campos junto al puente llamado de los franceses y al lado de la carretera que iba y va a la Coruña.

Mi padre recordaba esta canción:

Puente de los Franceses

puente de los Franceses
puente de los Franceses
mamita mía nadie te pasa, nadie te pasa.
Porque los milicianos
porque los milicianos
porque los milicianos
mamita mía que bien te guardan, que bien te guardan
Por la Casa de Campo
Por la Casa de Campo
Por la casa de Campo
mamita mia y el manzanares, y el manzanares
Quieren pasar los moros
Quieren pasar los moros
Quieren pasar los moros
mamita mia no pasa nadie, no pasa nadie
Madrid ¡que bien resistes!
Madrid ¡que bien resistes!
Madrid ¡que bien resistes!
mamita mía los bombardeos, los bombardeos
De las bombas se ríen
de las bombas se ríen
de las bombas se ríen
mamita mía los madrileños, los madrileños.

Bien es cierto  que con 17 años por aquellos días de 1937 el niño convertido en hombre, por arte y gracia de las extrañas casualidades de la historia, lo pasó mal como consecuencia de la huida al otro bando de un soldado al servicio de la República que tenía en el otro frente,  a escasos 100 metros de distancia, a familiares cercanos que combatían en el mismo bando. Este hecho, tan insignificante, en apariencia, es el que desencadenaba el relato que mi padres nos contaba, a mi y a mi hermano, de forma repetida y sin variar una sílaba a sus 96 años, poco antes de morir el año pasado.

Justo por aquellos días los de su muerte, mi hijo encontró en internet una dirección a la cual yo acudí y allí observé que figuraban unas referencias que tenían que ver con un sumario.

Después de casi un año de espera he conseguido por fin recibir la documentación correspondiente y la forma de pago de 197 folios de papel, copias, 57 euros, que me servirán para vivir esos momentos que mi padre nos contaba con este final: Me las vi apuradas por culpa de un malnacido que dio un chivatazo de algo que yo y otro compañero no habíamos hecho.

Hasta en las trincheras había envidias y recelos entre los propios combatientes de un mismo bando, las diferentes ideologías, comunistas, anarquistas, socialistas, republicanos y llamados a quinta con carácter obligatorio debieron crear un caldo de cultivo difícil de manejar.

Estoy deseando que ese legajo de papel llegue por correo certificado a mis manos, lástima es que mi padre no lo haya podido leer, pues su lectura le habría producido placer. Mi padre estaba curado de la guerra, nunca le oí comentarios que no fueron más allá de lo que se pueden calificar como normales en quien a base de grandes sacrificios supo superar esa tragedia que dividió a un País y arruinó la vida de muchas personas.

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio

POESÍA: EN LA NOCHE FORRADA DE POEMAS INACABADOS



Ya solo es posible
Encender una luz
En la noche
Forrada de poemas inacabados.

Allí donde vamos
Solo tienen cabida
Los nuevos versos
Esos que se construyen
Como un rascacielos
Rompiendo el espacio
Entre ruidos que anuncian
Que el ser humano
Tiene culpa de ello
Por ser un conquistador
Siempre por fuera y por dentro
De lo desconocido enamorado.

Ya solo es posible creer
Que un día nos amamos,
Así caminamos
En este pequeño universo
Al cual un día nos asomamos

Anunciando que habíamos nacido
Y que aquí estábamos
Para lo bueno y malo.

Si se abren nuevos caminos
Que estén asfaltados
Así sabremos hasta que punto
El mundo es tal y como lo imaginamos

En la esfera de lo posible
Cual clavo
Estamos sujetos al espacio
En el cual a golpe de todo tipo nos clavaron

Por eso me asomo
A la vieja plaza
Antaño mercado
Para ver si veo
En el poyo encalado
Al hombre que llevaba entre sus manos
Viejos sueños robados

Allí las farolas
Son los fértiles árboles
En el cual las palomas
Vigilan al milano
Que surca los espacios
Como si su vida estuviera poblada
De deseos mundanos.

Por la vieja plaza
Ya no pasan los carros
Se los tragó el progreso
Queda el descanso
En los viejos poyos sin amos.

De la vieja plaza su pozo
Fue algo más que un hoyo excavado
Para sacar agua
Con que saciar la sed
Del bestiaje y ganado.

Así la mañana rompe el encanto
Del trazador de líneas
Y grafías sobre un papel arrugado


Autor: Jose Vte. Navarro Rubio

jueves, 11 de enero de 2018

POESÍA: CORRÍAN POR LA CALLE LOS NIÑOS

Corrían por las calles los niños,
mies en las eras
y en los campos tallos duros
de cardos borriqueros
algo así como un poco de tomate con sal en un lebrillo.

Por las sendas, vegas, prados y cerros duros
cantaban los jilgueros,
y entonaban los grillos
seguidillas y rumbas que eran del viento algo así como su estribillo.

Sumas y restas
en la escuela recitaban las niñas y los niños
con tanto ahínco
que el maestro se siente Séneca
y la maestra Juana de Arco apunto de someter al inglés, su enemigo.

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio



POESÍA: ¡Joder que susto!

¡Joder que susto!
creí que escribía un poema
y me salió un exabrupto
tan corriente él
y tan diluido
en melaza de miel
y en potingues comprados en un ultramarinos
que confundí
París con Roma
y puse un laberinto
en Venecia por aquello de ser una isla en mitad de un mar tranquilo.

Grecia es algo así como el País de los pobres que fueron ricos
allí los silencios
crecen por minutos
entre llantos de niños,
gritos de pobres pidiendo pastillas con que conciliar sueños absolutos
y gozos compartidos de los países europeos más ricos.
Por Grecia daría
una bolsa de canicas, una trompa de madera de carrasca al fuego convertida en hierro duro
y unos chavos negros de la época en que mandaban en España reyes absolutos.

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio

miércoles, 10 de enero de 2018

POESÍA: NO TE CREAS QUE LA NOCHE TRAE PENAS

No te creas que la noche trae penas,
no te creas que siempre cuando llueve crece la hierba,
no te creas que el trabajo dignifica,
no te creas que el sol y la luna
salen y se ponen sin pedir a nadie cuentas,
no te creas lo que dicen
ni te creas que a poco más que escriba
se sacia el hambre de quienes llaman a nuestra puerta
y reciben como respuesta
un portazo que estremece al planeta llamado tierra.

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio

POESÍA: A POCO QUE SE MIME EL POEMA SE ALEGRA

A poco que se mime el poema se alegra
tan contento
se desmelena
como si en su interior tuviera
una noria siempre dando vueltas.

Corren los versos
preparan su puesta en escena
y lo hacen con empeño
y ganas
y con tanta sutileza
que ya no puede
hacer otra cosa
el alma del poeta
que comerse sus penas.

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio

martes, 9 de enero de 2018

POESÍA: VERTICAL GANDÍA 2018

Vertical Gandia 2018
lejos el premio es la meta,
tras el llano,
tras la senda,
tras la vaguada, la recta,
la curva y llega
la alta montaña,
y si se pelea queda
el sabor a menta, fresa,
en los labios algo así como una perla
esperando ser rescatada del fondo marino donde aprendió a ser discreta.

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio

POESÍA: LUCÍA EL POEMA SUS MEJORES PRENDAS

Romántico él
en otra época
lucia el poema
sus mejores prendas,
cual flor en su juventud fresca,
cual gacela corriendo por la pradera,
cual cebra con su cuello esbelto comiendo estrellas,
cual hiena llorando en una noche negra.

Romántica ella,
joya suprema,
con su poblada cabellera
así camina la mañana
y se impregna
de las ansias de vida
del joven que piensa
con llegar hasta allí donde solo llegan los últimos peldaños de una escalera.

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio

POESÍA: EN SUS OJOS BRILLA UNA ESTRELLA

Y en la tierra
tan cogidos a ella,
raíces, tallos, hojas verdes en sus crestas
los árboles llenan la esfera
de lo posible,
que es nuestra existencia.

En sus  ojos brillaba una estrella,
pudiera ser ella
la última luz que vean
aquellos que se dejan llevar por el sentir de las masas,
hasta allí donde la nada es algo así como una orquesta
sin músicos ni pasarela.

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio

POESÍA: EN TIEMPOS DE REBAJAS MERMAN LOS VERSOS

En tiempos de rebajas merman los versos
en esos momentos
en que asumimos y nos convencemos
que somos como las aguas que corren lejos
parte de un río, casi cauce eterno,
que de tanto sentirse lleno
un día se da cuenta de que todo aquello que viajó por su seno
fue a morir allí donde abren sus ojos los mares eternos
que comen de todo aquello
que cae en sus sauces parea cuando merman los versos.

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio

POESÍA: BUSCANDO EL CANTO DE LOS ÚLTIMOS JILGUEROS

Así como la tarde cae,
así me fui corriendo,
entre naranjos de hojas verdes,
caquis en el suelo,
ajos tiernos,
bellotas de una encina cayendo,
por un barranco voy,
sin agua me siento el rey de los senderos
y mi perro
el lazarillo que me guía tal ciego
que camina sin rumbo
a lo cierto
buscando entre los campos
el canto de los últimos jilgueros.

Autor: Jose Vte Navarro Rubio

POESÍA: Y ELLA VENDRÁ COMO LA LUZ

Y ella vendrá
como la luz trayendo
la alegría que habita
en el interior de un cuerpo,
sonrisa en las mejillas,
en los ojos estrellas luciendo,
las noches largas,
los días casi eternos,
en mayo las azucenas se visten de gala,
así enamoran a los sedientos,
mayo, en sus comienzos,
entre gemidos nacen los soles, al tiempo
que las lunas se van trotando entre las nubes que habitan en el cielo.

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio 

POESÍA: NI ME MARCHÉ NI ESTUVE LEJOS

Ni me marché
ni estuve lejos,
ni el poema se esfumó
ni mis manos son sarmientos
de duras cepas
y de uvas cubriendo el espacio que hay por encima del suelo.

No se fue la torre
ni las campanas se fundieron,
no brotan los silencios
allí donde gritan los memos
ni la escoba barre más allá de lo certero,
el estiercol en el suelo,
el papel y las hojas de terciopelo
de las higueras que había en lo alto del cerro.

Autor: Jose Vte Navarro Rubio

POEMA: NO ERA Y ME LO CREO

No era el poema tal y como lo leemos
ni el pan amasado en harina, negro,
como el carbón que da calor en el fuego.
La página rota,
el silencio,
la mano que mece,
el puño que rompe el hielo,
no era,
tal como lo veo,
el puente de acero
ni la cornisa ni el alero,
ni los besos que se esfuman en los largos inviernos
a través de los ventanos de un patio de geranios muertos.

Autor: Jose Vte. Navarro Rubio

miércoles, 27 de diciembre de 2017

VERTICAL GANDIA 2018

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EN UN FRÍO INVIERNO ENTRE ALBARRACÍN Y TERUEL: DICIEMBRE DE 2017

1
Y salimos
Cual pastores con sus ovejas
A los verdes pastos
De las altas cordilleras
Allí donde la comida llena
Las vacías despensas,
En los hatos y majadas
De unas frías tierras.

2
El motor del coche golpea
Como martillo y se entrega
A eso que se llama
Hacer su faena,
Así se camina,
Así se hiela
El terreno sobre el que con destreza
Sus caballos galopan
Y nos llevan
A lugares donde hay fresca yerba

3
Tiemblan los cuerpos
Cuando se anegan
De ese frío que a espuertas
Se columpia en las venas y arterias
Como si vivo, en apariencia, estuviera,
Por tierras del pueblo de Cella,
El caballo Babieca
De un Cid que pasó tan cerca
Que todavía lloran hasta las piedras

4
Resplandecientes los campos,
La nieve acelera su entrada en escena
Para tejer su manto de doncella
Que quiere y así suspira ella
Esperando que alguien diga
¡Qué belleza la de esa perla
En su remanso de paz
Jugando a ser
de lo que se llama materia!

5
Y el coche avanza
Y resuellan
Entre graznidos de cornejas,
Las ruedas sobre la helada carretera
Como si estas anduvieran
Tal popa briosa de una carabela
En busca de unas pérdidas tierras,
Así somos marionetas
De eso que se llama
Luchar contra la naturaleza.

6
Y llegamos a Albarracín
Que se deja manosear
Con insistencia
Tal pelota de tela
Que se tira sobre las tejas,
Ya blancas ellas
En su vejez circunscrita
A eso que se llama impotencia
Por ser los lugares
Por donde entran
En las casas las ideas.

7
Con los miradores abiertos
A las blancas tierras,
Ya tiempo muerto en las cabezas
Jugamos a llenarnos de esas bellezas
Con las que fabricamos ideas,
Así las murallas se alejan
Mientras se acercan,
A una plaza repleta
De ilusiones etéreas,
Quienes caminan al encuentro de unas tiendas.

8
En una bendita carnicería
Habita con solera
Todo aquello
Que si bien se aprecia,
Chorizos, jamones, quesos
De cabra y de oveja.
Todo es maná que lleva
A una estrecha bodega
En la que resuenan
Tantas voces, como en ella, cabezas.

9
El vino, la cerveza
El agua y unas aceitunas negras
Todo aprieta
Así fuera sermón de cura
Vagando por extrañas sendas
Que llevan entre tormentas
A ruedas que muelen hasta las piedras

10
Y así subimos con cautela
A una alta estancia
En la que dar buena cuenta
De una paletilla entera.
Pobre cabrito
Si su madre supiera
Aquello que se llama
Echar comida a las fieras.

11
Tal y como se conversa
Se tientan
Los manjares que nos llenan
No quisiera
Que en la calle donde nieva
El aullido del viento en la sierra
Nos llevara a su casa
En la alta sierra.
Mejor siempre ir
Con la panza llena
Cual Sancho jugando
A ser de su amo
Su altiva conciencia.

12
Jugamos con la nieve
Como si hubiera retornado,
En ese remanso de paz,
Leve ésta,
Eso que se llama la niñez
Tan lejana ella
Como la sonrisa fresca
De nuestras abuelas
Cuando a casa llegábamos
Y ellas,
Así de tiernas,
Se sentían por dentro llenas
De eso que se llama
Felicidad eterna.

13
Es un momento que recoge
Eso que se llama
Inmortalizar nuestras presencias,
Con el tiempo película vieja,
En un cajón lleno de sorpresas
Un día esperando ser descubiertas.

14
Patinan los coches
En su urgencia
Porque la noche no sea
Como una tumba llena
De viejas osamentas,
Así salimos de fiesta
Ya volando a ras de tierra
Las negras cornejas,
Y así se llega
A Teruel, por estas fechas, casi nevera.

15
Entre cuestas
Se divisa una plaza
Donde los ojos juegan
A mirar en una tarde serena
Hasta allí donde el bronce resuena
A bufido de toro
Que nos delata, aunque cuesta,
Su escueto armazón,
Cincuenta kilos pesa
Y así el Torico
En la columna nos reta
A irnos con él de capea.

16
Vehículo que lleva
Por una ciudad casi muerta
De calle en calle,
De puerta en puerta,
Así nacen las ideas
En quienes pasean
A lomos de tan dulce bestia
Casi tren, casi camioneta.

17
Murallas y torres
El arte mudéjar nos golpea
Con su belleza.
Cuesta hacerse a la idea
De cuál fue la grandeza
De una ciudad mutilada,
Ya trozo de manteca
Encima de una mesa.
De sus murallas dentelladas
Se ven en apariencia,
De sus iglesias
El latido de unas campanas
Llamando a quien quiera
A llenarse de Fe ciega
Y así el tren juega
Con ser el amante
Que cuando regresa de la guerra
Se encuentra con que ella rompió su promesa.

18
Otra vez en la mesa,
Vino para quien lo quiera,
Pulpo y orejas
Chorizos a la sidra
Y así continua la cena
Ya en ese momento en que se piensa
En dar descanso al cuerpo
No fuera
Que la noche, ya negra caverna,
Nos cerrara sus puertas
Y nos pudiéramos quedar
A expensas
De dormir a piernas sueltas
Y a la serena.

19
Caramelos rellenos con sutileza
Donde el chocolate juega
A ser la caja en cuyo interior
Duermen frutas selectas
Y así ya calmados,
Casi vencidos,
Casi dando pena,
¡Qué epopeya!
El dátil es a la palmera
Lo que la flecha a la ballesta.

20
Ya la noche,
Así llegan
Despedidas ligeras
Para cuando se cierran las puertas
Y la cama nos acoge
A una señal concreta
Para ser el lugar elegido
Donde depositar ese baúl de ideas
Que viajan por la sesera.

21
La mañana serena
Ya el frío aprieta
No más comida
Me pide mi cabeza
Si ella supiera
Que nuestra existencia
Está sometida
Al imperio de las buenas mesas
Quizás dejaría de ser monserga
Para convertirse en una aliada eterna.

22
Volvemos al instante
En que todo comienza
Y en ello
No hay más historietas
Que todo lo que pasa
Como fugaz estrella
Por delante de uno
Para ser sonrisa plena.

23
Menos seis grados,
Ya se hielan hasta las ideas,
Ya las aves que vuelan
En lo alto de una chimenea
Se calientan
Entre olores a morcillas
Y a ollas de carne a rebosar de tan llenas.

24
Nadie quiere, en apariencia,
Volver de nuevo a la mesa
Aunque todo llega
Como el agua a la fuente
Y el café a la tetera
En el Reina Cristina
Hotel de muchas estrellas
El desayuno nos tienta.

25
Teruel de día
Suena a frío y huele a leña
En sus calles heladas praderas
Entran las sombras
Van entre cánticos de juerga
Para rendir cuentas
Al Dios sol y a la estufa vieja.
26
Puente de piedra
La ciudad vive
Pendiente de que vuelvan
Las palomas mensajeras
Que sobre las tejas reponen sus fuerzas.
27
La nieve
Y con ella se juega
A lanzar bolas
Que se estrellan
Sobre las espaldas
De quienes están más cerca.

28
Viejos aljibes viven a duras penas
En las entrañas
De la ciudad vieja
Enamorada ella
De quien la hizo bella.
El agua toma las riendas
Y se cuela
Desde las entrañas de la tierra
Hasta un remanso de paz
En el que dormita y vegeta.

29
En la fonda del Tozal
Vermut y cervezas
En una vieja mesa,
Cuadra que fue
En ella se olfatea
El aroma de las bestias
Y la paja seca
En los pesebres casi paella.

30
Cuentan de la ciudad,
De tantas cosas y tan bellas
Que uno se queda
Con aquello de volver
Por la misma senda,
Muralla hacia arriba, entre tabernas.

31
La tarde ya delata su cara de pena
Mientras en el hotel nos esperan
Cómodos sofás
En los que reclinar la cabeza.
Así acaba esta historieta
Ya los coches en la carretera
Camino de Valencia.

32
Se llega al punto de partida
Donde volver a ser
Lo que ya eramos en apariencia
Y con ello la calma
Chicha ella,
Tan suave su presencia
Que la noche nos llena
Y así todo de nuevo comienza.

Autor: Jose Vicente Navarro Rubio

sábado, 25 de noviembre de 2017

MARCHA DE L’ALCÚDIA A MILLARES AÑO 2017




Para unos los más aguerridos comenzó la marcha  sobre las cuatro de la mañana, es así que desde el Corral de Rafel se desplazaron, un puñado de amigos, hasta La Parra.


Como quien no hace nada por allí, ya después en La Parra, se veía a Pepe y su grupo madrugador, tan frescos  como una lechuga recién cortada.


  1. COMIENZA LA MARCHA


Ya la noche nos llama
entre pesares y verbenas
de viejas urracas
que vigilan y otean
desde las altas ramas
a quienes de buena mañana
salen de fiesta
camino de la Parra
llevando escrita en sus caras
la palabra caminata.


Y es así como a las cuatro de la mañana comenzó la marcha a Millares, por unos lugares en parte novedosos que recogen todo aquello que un buen excursionista experimentado quiere para su cuerpo: Distancia larga; dificultad media, buena armonía, alguna que otra parada y excelentes vistas panorámicas.


  1. Y ASI SE ANDA


A las cuatro de la mañana
comienzan las andanzas
en un viejo corral de cabras,
para quienes avanzan,
entre sombras que aterran,
graznido de cornejas descaradas
y balar de ovejas de blanca lana
camino de la Parra,
en el corazón mismo
de una atalaya
que lleva nombre que embriaga
si bebes del vino
que da esa trepadora planta.


Mientras otros en la cama esperamos que el despertador toque para comenzar esos preparativos tan necesarios en quienes saben que una buena o mala experiencia en parte tiene que ver con que salgamos de nuestras casas con todo lo necesario para hacer el recorrido más grato y así pasa:


  1. EN NUESTRAS CASAS


Suena un despertador,
casi una carcajada,
ya las cinco de la mañana
dando caña,
tanta que las sábanas
casi se alzan
al sentir la llamada
para quienes sin más patrañas
ya van pensando en dar al sueño
una pasada, recia, de vara.


  1. TODAVÍA EN LA CAMA


Y así todavía otros en la cama
nos adentramos con ganas,
como si fuéramos
el filo de las puntas de unas lanzas,
en las páginas
de ese libro que lleva por portada
aquello que se llama Marcha
a Millares, la copla, si existió, canta.


  1. ENTRE SILENCIOS


El silencio de la calle
es como una carcajada,
tan grata
que uno se llena de su gracia
con tal de ser en la madrugada
la luz de un faro,
sin más aguas
que aquellas que descansan
en una mochila preparada
para dar cobertura
a quienes sobre la espalda arrastran, sin tardanzas,
casi una casa.


Como si la marcha no hubiera nacido ya en el Corral de Rafel, el resto de excursionistas, unos 55, salimos desde el Parque de la Noria de l’Alcúdia,  tras pasar lista Ricard Boronat,  hacia La Parra, que por la noche parece que se encuentre en el otro lado del mundo.


En el grupo de partida se respira ese ambiente positivo de quienes tienen en la naturaleza un buen referente de como se debe llevar la vida. A todo esto el grupo se apiña entorno a Pepe, quien recuerda a todos  los excursionistas que comenzamos  ya, y de inmediato la Marcha


  1. CASI LUCIÉRNAGAS


Casi luciérnagas
los destellos delatan
a quienes, a dentelladas,
mochilas sobre sus espaldas,
esperan la solemne llamada,
cantinela vieja,
y voz recia
en la madrugada,
algo así como una ráfaga
del aire que pega en las caras
y nos cuenta sus penas largas.


  1. Y EL VIENTO NO RUGE


Y el viento no ruge
y la mañana avanza,
luces de colores
por la montaña
entre silencios se oye
casi un eco, unas palabras,
de Pepe que indica con calma
que aquí comienza la marcha.


Y así la noche
está tan llena de esperanzas
que todo  es oro o plata
así se pisen guijarros o malvas.


Ya en la senda las linternas empiezan a dar esa luz necesaria para no sufrir ningún percance. Con los primeros pasos la fila se alarga y sin más la luna con su resplandor nos delata. Se oyen ladridos de perros que en las casetas cercanas se han visto sorprendidos por el jolgorio de los excursionistas.


  1. SE AVANZA


Y así se avanza
en esa primera etapa,
dos horas
en un reloj
son como una pincelada
sobre un lienzo que delata
pisadas y más pisadas
en la negra panza
del espacio que construyen
quienes sueñan con hazañas
que el tiempo convierte en bocanadas
de humo blanco de fumaca.


Entre llanos y sendas empinadas, barrancos y vaguadas se avanza, ya  la luna casi perdida y la claridad del día llenando los paisajes, tanto que una cabra montesa se asoma al abismo por el cual desfilamos. Parece casi la silueta del toro de Osborne promocionando el barranco.


  1. LA LUNA CANTA


La luz llena
y la luna canta,
lunas luneras
a la cabra montesa que descansa
sobre el risco de una montaña.


Y la cuesta se alza
tan alta
que las paredes son murallas
en una vieja rambla
por la que lentamente baja
la voz del agua
pidiendo calma.


Un vergel de plantas se asoman a la senda casi como queriendo dar las gracias por ser visitadas. Algunas ranas saltan sobre las aguas de pequeñas charcas, sin lugar a dudas avanzamos por el Granotar y Majaespesa camino del Charco Claro.


  1. PEPE DIRIGE LA MARCHA


Delante avanza,
indica y señala
todo aquello que hace falta
para llegar a Millares
sin sufrir ninguna  baja.


Con solo alzar la mirada
se ve a Pepe
abrir las entrañas
de la montaña enigmática,
entre charcos
y casi cascadas
algo así como lo que hizo Moisés
separando con su vara las aguas.


Ahora Pepe se para,
mira, observa,
no fuera el caso
de que alguien quedara
rezagado y necesitara
de una mano amiga que le abra
la senda por la que marcha.


Las charcas y fuentes vienen a ser como el agua de esos oasis de los desiertos tan estimados por quienes
caminan por tierras hostiles.


  1. A UNA FUENTE DE AGUA CLARA


Así el agua
cabe en una jarra
de agua tan clara
que en ella se dibujan las caras
de quienes se abalanzan
sobre la charca.


Los juncos son
esa esperanza
que necesita el agua
para seguir creyendo
que es rey de una patria
con no más siervos
que un viejo sapo
y una inocente rana.


Pasamos entre corrales y abandonadas casetas con sus  sus techos, derrumbados, por los que pasa la luz del día y el agua de la lluvia. A su alrededor y dentro de los recintos crece la hierba. Las paredes caídas sobre el suelo  inundan los espacios indicando la decadencia del lugar y la emigración forzada de quienes por allí vivieron y  con el tiempo buscaron lugares nuevos donde emprender una nueva vida.


  1. ENTRE CORRALES Y CASAS ABANDONADAS


Se ve en las miradas
la tristeza
y se ve que faltan palabras
pues las piedras atan
la lengua sabia
para que no salga
aquello de canallas,
ya en la vieja casa de La Romana.


Tanta la tristeza, tanta,
así hasta las ramas
doblan su cuerpo y señalan
el lugar de la matanza.


El lugar es tétrico creo que le falta un monumento a la memoria de esas niñas que un día salieron de su casa para nunca más volver. El tiempo borra muchas cosas, entre ellas nuestras pisadas por la senda que caminamos, pero nunca los episodios acompañados de violencia extrema


  1. ENTRE SILENCIOS SE PASA


Y se pasa
entre silencios que matan
y se ve la casa
con sus vigas de madera
y chimenea revestida
de cal blanca
por el viento recortada
y se pasa entre silencios
como si la nada habitara
en unas tumbas cercanas
en el suelo excavadas
para dar descanso efímero
a unas niñas vilmente asesinadas


En una oquedad del suelo, remanso de aguas inexistente, se ve el cuerpo pudriéndose de una cabra montesa.  No sabemos el motivo de su  muerte, una caída, la vejez, una enfermedad, quizás un disparo, a saber porque  murió el animal y el por qué eligió ese lugar como sitio definitivo de descanso eterno.


  1. LA MUERTE Y LA BELLEZA


En un remanso
la muerte llega plácida
a una cabra montes clásica
y en el barranco la belleza
brota como si fuera
algo que lleva en bonanzas
del cielo azul persa
a la tierra magra,
hedor que brota en la mañana
como si dijera,
seréis lo que se ve
en este camino que lleva casi a otras patrias
si te empeñas en ello con templanza
y con saña rehuyes mi mirada.


Estos barrancos como el de La Parra y el de la Romana fueron escogidos por civilizaciones pasadas, anteriores al nacimiento de Cristo, como lugar donde vivir, preferentemente en las covachas y abrigos que sobre las laderas del desfiladero parecen nidos de águilas. Así se encuentran alrededor de estos barrancos restos, entre otros, en La Cueva de Primo, La Font Blanca, Matamón, El Pedregalet etc.


  1. LAS COVACHAS


Sobre las laderas del barranco
se abren pequeñas covachas
en las que vivieron
seres humanos
en otras épocas ya pasadas,
de ellos queda,
así nos hablan,
el polvo que las botas al andar levantan.


Conforme se empinan las cuestas  las piernas se hacen más pesadas y los pasos más cortos.  Es así como
vamos ascendiendo. Poco a poco y sin casi darnos cuenta el fondo del barranco se va alejando de la ruta
por la cual vamos caminando y con ello las panorámicas van cambiando.

  1. PENSANDO EN LA META


Uno piensa en la vida
y se queda
con aquello de disfrutar
de la belleza barata
que ofrece la naturaleza
al llegar a la meta marcada,
pues allí espera sin tardanzas
y entre holganzas
la respuesta clara
a la pregunta necesaria
¿valió la pena
salir tan de madrugada?


Tres perros salieron a nuestro paso. Dos de ellos abandonaron al grupo pronto como si su instinto de caza pudiera más que la presencia de esos seres humanos que a su paso salieron cerca de la Font de Alba

17. EN LA FUENTE


Beben agua los perros
sacian su sed cara,
lanzan la lengua,
casi mascan,
la superficie helada
del caro liquido
que a la luz salta
desde las entrañas
de la inhóspita montaña.


Bueno es saber que alguien nos cubre la retirada. En esto Guillem y Sergi lo hicieron bien en su papel.


Aunque esta no fue la retirada de Dunkerque, para muchos de nosotros si no hubiera sido por Sergi y Guillem que cubrían ese espacio, quizás hubiera habido retirada sin toque de trompeta, yo diría que desbandada. Bromas aparte bien por la juventud, tan bien enseñada en eso de obedecer a sonido de palmas.

18. EN LA RETAGUARDIA


Guillem y Sergi
en la retaguardia
vigilan por si algo pasara,
son parte de una armada
invencible y bien armada
con no más indumentaria
que esa que sirve
para abrir las entrañas
de la vieja sierra
tan necesitada
de una conquista grata.


Viene a cuento la chumbera a raíz de la epidemia que está asolando todo el territorio nacional. Comenzó por la zona de Murcia y actualmente ya está en la Comunidad Valenciana, el culpable es un insecto, la cochinilla carmín tan voraz como el picudo. Para más decir la cochinilla se usaba como tinte de pieles en la Edad Media.

19. A UNA CHUMBERA


A una chumbera se agarra
la vida ácrata
de quienes marchan
por una senda sembrada
de guijarros del tamaño
de pequeñas esmeraldas, opacas.


Mueren lejos las chumberas
y con desgana.
en las laderas maltratadas
de otras montañas,
en ellas la cochinilla del carmín
insecto que hiere y mata
se alimenta de sus entrañas.


Se va en fila india y en este caso la palabra está  muy bien empleada, dado que los lugares por los que hemos ido pasando se podrían utilizar para rodar películas relacionadas con el Oeste Americano, con sus indios y vaqueros incluidos.


  1. EN FILA INDIA


Así se avanza,
paso a paso,
zancada a zancada,
marcha el grupo,
y alargan
las siluetas, que andan,
por un barranco sin entrañas.


Ricard siempre aparece como el que no hace nada; es difícil alcanzar esa virtud que consiste en trabajar de valiente y que la gente no te eche en falta. Los cruces de camino son esos lugares por él elegidos para ver como pasa el grupo y en todo caso, de hacer falta, echar de ese manual de buen uso que él utiliza para socorrer en todo aquello que puede hacer falta. A mi paso por el coche alguien pide agua y Ricard abre el coche y llena la cantimplora de quien detrás de mi marcha. Bien por Ricard, todos sabemos lo pesado que para él ha sido organizar esta marcha y estar ahí ayudando en todo lo que se le pide.


  1. Y AVANZA

Entre pesares un amigo avanza
como quien no dice nada
siempre presto
en ello es de alabar su templanza
en dar buen servicio
y alegrar las miradas
de quienes esperan su llegada
no fuera el caso que hiciera falta
de ese comodín que esconde
en el fondo de unas mangas.


Su pesar acompaña
a quienes sabemos
lo mucho que pone
y como da la cara
a esos golpes de la vida,
casi una ráfaga de metralla en su alma.


No se si es una Ceja, pero a mí se me han caído en la bajada hasta las pestañas. Ceja es porque está encima de unos ojos los del río y porque desde su cima se ve el cañón del río.

  1. EN LA CEJA


Se baja a golpe de pisadas,
ya el blancor de las casas
iluminando la falda,
y como si fuera una cascada
de aguas bravas
se oye un rumor que se alarga
y en segundos se apaga.


Es la corriente de un río
que sueña, en su blanda cama,
con ser libre
y así lo canta.


Otro de los perros, de aquellos tres que hablé en su momento, nos acompañó hasta las aguas del mismo río Júcar, pero la corriente de éste para su desgracia fue un determinante de peso para que se quedara sobre el lugar inquieto y nervioso por ver finalizada su aventura antes de que esta acabara. Bien por el perro y me sumo a su tristeza, a estas horas a saber Dios por donde parará, yo pensaba que Juan Fernando en vez de regresar a por su estuche de gafas había vuelto con una gorra, una chaqueta, unos calcetines y con el perro corriendo a su zaga a grandes zancadas.


24. A UN PERRO


Y no ladra el perro
que sigue el rastro
y baja camino de unas aguas,
casi murallas.


Así el perro
casi mascota inesperada
se queda en las otras aguas
a la espera
de lo que se llama esperanza,
en que el río se seque
para volver a su casa.


Frías las aguas del río Júcar al final se pasan sin necesidad de ninguna vara que separe estas. Eso si, unos descalzos, otros como pueden y algunos con sandalias, todos pasamos hasta la otra orilla, pues ya Millares se adivina cerca. Blanco el pueblo, en su conjunto, resplandece como una llama que viene a apagarse en una pequeña cascada que desde arriba de La Ceja nos parecen las cataratas del Niagara


  1. SOBRE LAS AGUAS


Las pisadas
sobre las rocas resbalan
y el agua salta
y arrastra
cauce abajo se ven las miradas
de inquietas truchas
observando lo que pasa.


Uno detrás de otros
el río se convierte en avanzada
de quienes marchan
con la mirada puesta
en la pared granítica
por la cual se llega a la posada.


Seguro que este castillo tuvo sus damas, trovador y señor y quizás si preguntamos en el pueblo su fantasma vestido de blanco con su capucha y cadenas pesadas.


  1. A UN CASTILLO

Sobre sus murallas
la luna descansa,
y el sol se llena a mansalva
del olor de las plantas,
y sobre las rocas descarnadas
hace un hueco la mañana
para que en el duerman
dulcemente las lágrimas
de quienes ascienden
llevados por las ansias
de dar descanso a sus almas.


Así se ven las huertas sin más frutos que las ramas peladas y el suelo cubierto de una frondosa vegetación que a buen seguro haría las delicias de esas ovejas y cabras que salían a comer de buena mañana y volvían ya anocheciendo con el dulero de turno tocando las puertas para ir dejándolas en  las casas de quienes confiaban al pastor los animales.

27.VERDES HUERTAS


Y así se pliegan las alas
al llegar con tardanza
a las verdes huertas
de frutales y añoranzas
entre sonidos a rancias aguas
y jolgorios en las ramas
de negras urracas
llenas ellas de vida sana
a costa de quienes caen en sus garras.


Sobrio el edificio, un servidor, todavía espera ver cuando llega al albergue a  Agustín y su mujer saliendo al encuentro para saludar y hacernos compañía en esos momentos en que cansados nos sentamos para disfrutar de un merecido descanso.


Al llegar al albergue se nota que uno ya se encuentra en casa y como si fuera un bálsamo desaparece hasta  el cansancio.


  1. EN EL ALBERGUE


La vieja casona
con no más armas
que un cuchillo
y un viejo pela patatas
es la entrada
a un reino casi taifa
donde viven las musarañas
a la espera de que caiga
alguna araña
en el fondo de un vaso
en el que naufraga
la espuma que delata
a una fragata de cervezas
que quieren, en nuestro paladar, batalla.


Os dejo, sin más comentarios, con este pasaje del Quijote muy ilustrativo:


Mejor me está a mí una hoz en la mano que un cetro de gobernador, más quiero hartarme de gazpachos que estar sujeto a la miseria de un médico impertinente que me mate de hambre, y más quiero recostarme a la sombra de una encina en el verano y arroparme con un zamarro de dos pelos en el invierno, en mi libertad, que acostarme con la sujeción del gobierno entre sábanas de holanda y vestirme de martas cebollinas. (Quijote, II, 53, )


  1. A UN GAZPACHO


Pata de cabra
sueños y lágrimas
la pasta sirve
para hacernos una idea
de la dureza de la vida
en estas tierras alejadas
de una civilización cercana.


En el plato se esconden las esencias,
aromas sin palabras,
que llevan a los condimentos
a ser respuestas heladas
que al mirarlos dicen: "Caramba."


Los hubo peores
uno oye en la mañana
mientras la cuchara rasca
y del fondo del plato salen
duelos y quebrantos,
lágrimas y penas
como si un duende habitará
en el interior del manjar
que nos llevamos a la panza cuando el hambre aprieta.


Las chicas han cumplido y de lo lindo, todas sin falta: Xelo, Gloria, Verónica, Celia, Violeta, Empar, Bienve, Eva,  Oreto, Silvia,  Juani, Felisa, Carmen  y Teresa,  que barbaridad como marchaban, algunas de ellas con un perro sabueso  pegado a las faldas.


  1. A LAS CHICAS POR SU FORTALEZA


Tan valientes las chicas
caminan con entrega
y tanto empeño ponen en su faena
que las cuestas del camino
y las bajadas por las sendas
las hacen a buen ritmo
como si en las piernas tuvieran
el motor de arranque de una motocicleta.


Un amigo del grupo dice que está es la última vez que hacia la marcha a Millares. Yo no le hago caso porque eso lo viene diciendo desde la primera vez en que los dos juntos allá por el año 1995 hicimos la primera vuelta. Tiene cuerda para rato y más teniendo en cuenta que al llegar al albergue, este año, Ricard le echó una cariñosa sentencia.


A UN AMIGO


Va más que Meló
y en el cuerpo lleva
aquello de que es diestro en subir pendientes
y bajar cuestas,
ya sea
por l’Alcúdia, Tous o  Montortal o el Vall de la Gallinera
o en otros lugares de la Ribera.


No se irá
pues sabe que los homenajes si llegan
son para los que ya no están
y descansan bajo un palmo de  tierra


Aunque él no se lo crea
tiene cuerda para rato,
yo diría que mecha,
y además para más sugerencias
se sabe el camino de la “a” a la “z”
como si llevara grabado
en el alma y en las piernas
cada trozo de ese largo camino
por el cual marchamos
apretando los dientes como si nos dolieran las muelas.


Como chiquillos solemos correr hacia el autobús para regresar a casa. Mientras unos duermen y otros cantan, vemos una película que parece sacada de las entrañas de algún arcón tomado por la polilla. La película  nos acompaña, durante todo el viaje. Como si estuviéramos en los tiempos del “Último tango en París” y la excursión fuera a Perpignan (Francia)


  1. LA VUELTA A CASA


Se alza la mirada
y queda la añoranza
en volver
a las mismas entrañas
de esa senda de pisadas
casi ahogadas
en un mar seco,
casi cascada de palabras que delatan
aquello que se llama
volver para sentir esa llama
que ilumina nuestras caras.


“Facio me vestro homine de bocca et de manus”. Así es como terminaban los homenajes en la Edad Media. En nuestro caso nos referimos a otro tipo de homenaje sin vasallaje ni acto de guardar armas, tener caballo y peculio con el cual poder mantener tropa.


  1. UN HOMENAJE


Hace falta realizar un homenaje,
así un jilguero canta
en la alta rama,
a todos aquellos,
sin más palabras,
que hacen posible esta marcha.


Sin tardanzas
un aplauso resuena
en estas páginas
tan pobres de metáforas
que ni el cielo
se viste de plata,
ni las cimas de las montañas
son ubres de cabras
ni el gazpacho
manjar con que cantar serenatas
bajo la luz de las estrellas.


Así y contado a mi manera se acaba este efímero relato. Espero que al año que viene podamos disfrutar de una nueva  Marcha sobre Millares, con todos incluidos, en ese viaje tan singular que tanto nos ilusiona.

Autor: Jose Vicente Navarro Rubio
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